1. Martín el camionero y la prostituta de pueblo


    Fecha: 24/01/2026, Categorías: Hetero Autor: AntonioSPA, Fuente: TodoRelatos

    ... bajas encaladas, con un bar, una iglesia y un silencio espeso. La casa de Jessi era como las demás, sólo que en la puerta, junto a una ristra de ajos, colgaba un cartel de madera que rezaba: "Hogar, dulce hogar".
    
    Dentro, el aire olía a sofrito y a Varón Dandy. Un hombre gordo en gayumbos, camiseta interior de tirantes y con un palillo en la boca veía un concurso en la tele a todo volumen. Levantó la mano sin apartar la vista del presentador.
    
    —¡Papá, este es Martín! ¡Se queda a cenar! —gritó Jessi.
    
    —¡Mientras te pague y no dé demasiao por culo, como si se queda a vivir! —respondió el padre, subiendo aún más el volumen.
    
    De la cocina salió una mujer con un delantal de flores y el pelo recogido en un moño tenso. Sonrió con amabilidad.
    
    —Buenas tardes. ¿Quiere un vasito de gazpacho para empezar? Está el día pesado.
    
    Martín, que esperaba cualquier cosa menos una oferta culinaria, se quedó mudo. A su lado, una anciana en una mecedora, con una maraña de lana en el regazo, lo miró por encima de sus gafas de culo de vaso.
    
    —Tienes cara de mal hombre —dijo con una voz cascada—. Pero de buen comer. A la Jessi le gustan con fundamento.
    
    Un niño de unos cuatro años, con los pies sucios y la cara llena de churretes, salió corriendo de una habitación interior y se abrazó a la pierna de su madre, la joven prostituta de pueblo.
    
    —¡El yayo no me devuelve la pistola de agua!
    
    —Luego hablo con él, cariño. Deja que mami atienda primero al señor.
    
    Martín se quedó ...
    ... tieso, con un cigarro a medio camino de la boca y el ceño fruncido como si le hubieran soltado un guantazo invisible.
    
    —Virgen santa… —murmuró para sí, mirando al crío y luego a la chavala.
    
    Era una niña, coño. Tendría, ¿qué?, ¿diecinueve con suerte? ¿Y ya tenía una criatura correteando por ahí? Hizo la cuenta mental y le salió un escalofrío: ¿a los trece lo había parido? ¿A los doce? Se le atragantó hasta el humo del tabaco. No era que se escandalizara —que Martín ya había visto y hecho de todo en la vida—, pero aquello le removió algo entre el asombro, el respeto y un "me cago en la puta" que le subió solo.
    
    Se pasó la mano por la cara, rascándose la barba, mientras el crío seguía colgado de la pierna de su madre como una lapa llena de mocos.
    
    Martín se sentía como en un sueño febril, un esperpento de Valle-Inclán dirigido por un Berlanga puesto de anfetaminas. La normalidad con la que aquella familia integraba el oficio de la hija era tan desquiciada que resultaba casi cómica.
    
    —Mi cuarto está al fondo —dijo Jessi, guiándole por un pasillo decorado con fotos de la primera comunión y el tapiz de un ciervo bebiendo de un arroyo.
    
    La habitación era un santuario cañí: un poster de Camela adornando una de las paredes, una cama con un cabecero de nácar, peluches sobre la almohada y una tele pequeña sobre una cómoda coja. Apenas cerraron la puerta, Jessi se quitó el top con una sonrisa pícara y exhibió unos pechos menudos, descarados, que no requerían de ningún ...
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