1. Martín el camionero y la prostituta de pueblo


    Fecha: 24/01/2026, Categorías: Hetero Autor: AntonioSPA, Fuente: TodoRelatos

    ... cochino.
    
    —¿Correrme? —resopló él—. ¡Me vas a hacer cantar saetas, zorra!
    
    Y siguió dándole, con toda su rabia de macho, follándola como si quisiera dejarla empotrada en la pared, como un cuadro mal colgado, mientras el calor del cuarto, el sudor, el olor a coño y el traqueteo de los muebles llenaban el ambiente de un pecado ruidoso y glorioso.
    
    Al otro lado de la pared, la familia seguía a lo suyo. El padre reía con un chiste de la tele, la abuela tejía, y el niño ahora corría por el pasillo con un casco de soldado de plástico.
    
    Cuando por fin se corrió, Martín rugió como un oso pardo en celo, apretándole las caderas con fuerza mientras descargaba dentro como si llevara una semana embotellado. Jessi soltó un grito ronco, con los ojos en blanco, sintiendo aquella corrida brutal llenarle las entrañas como una maldita lavativa. Jamás la había llenado tanto nadie. Después, ya desfondada, notó cómo el esperma espeso le supuraba del culo, bajándole lento por los muslos en hilillos calientes y pegajosos. Una guarrada gloriosa.
    
    Martín caminó tambaleante hasta la cama y se dejó caer boca arriba sobre el colchón, exhausto y sudoroso, con el corazón latiéndole en los huevos.
    
    —Joder... —jadeó—. No sé si he echao un polvo o recorrido el Camino de Santiago.
    
    Jessi se tumbó a su lado, sonriendo con los ojos cerrados.
    
    —Aquí el que viene repite.
    
    Martín, con el brazo detrás de la cabeza, soltó una risotada ronca.
    
    —La próxima vez traigo yo los torreznos pa’ tu ...
    ... padre. Pero eso sí, que la abuela no entre, porque si me vuelve a ver el rabo, igual se le caen las bragas.
    
    Desde la puerta entreabierta, la voz de la anciana volvió a colarse:
    
    —¡Eh, que no estoy sorda! Y cuidao, que como mucho garbanzo y aún tengo los estrógenos en pie de guerra.
    
    Martín se echó a reír como un burro, aún desnudo y con el torso velludo empapado en sudor. Se levantó de la cama despacio, estirándose como una bestia satisfecha, y recogió del suelo sus calzoncillos arrugados. Se los puso con desgana, acomodándose la polla morcillona con un gesto automático, como quien recoloca una herramienta pesada en su funda.
    
    Desde la cama, todavía con el ano sensible y el cuerpo vibrando, Jessi lo miraba con cara embobada, recorriéndole los abdominales sudados y los tatuajes que le subían por los brazos como serpientes negras.
    
    El fornido camionero se puso los vaqueros tirando fuerte del cinturón y soltó:
    
    —Qué familia, la Virgen… Pero qué polvo, también. Esto hay que repetirlo.
    
    Y mientras en el salón arrancaba el partido del Madrid, con el himno sonando a todo trapo y el patriarca gritando por una falta mal pitada, en la habitación de Jessi, Martín "El Caballo" se encendió un cigarro con la parsimonia del que ha hecho faena de la buena. Se sacó la cartera del bolsillo trasero de los vaqueros y, sin decir ni mu, soltó un par de billetes arrugados sobre la colcha, pagando así a la chica que seguía tumbada entre peluches, fluidos y el eco lejano de un orgasmo ...