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Martín el camionero y la prostituta de pueblo
Fecha: 24/01/2026, Categorías: Hetero Autor: AntonioSPA, Fuente: TodoRelatos
... habitación: succiones húmedas, arcadas y respiraciones entrecortadas. Y entonces, de repente… —¿Jessi? —se oyó desde fuera—. ¿Le has pasado una toallita húmeda a la polla del señor antes de metértela en la boca? La puerta se abrió sin previo aviso y la madre de Jessi, aquella señora en delantal de flores, pelo teñido de caoba y mirada resignada, entró como si fuera al salón. Jessi se quedó petrificada, con media polla en la boca y los ojos como platos. Martín también se quedó tieso, aunque no se molestó ni en taparse; al contrario, soltó una carcajada que hizo temblar su rabo a medio zampar. —Mamá, ¡salte! —farfulló Jessi con la boca llena. —Hija, que luego te salen pupas si no está limpia. Yo ya te lo he dicho. Las pollas se lavan antes, que los hombres sudan mucho ahí abajo. Y este camionero… —dijo mirando el miembro de Martín con curiosidad, la parte que no cubría la boca de su hija—. ¡Este tiene media barra de pan entre las piernas! ¡Te va a destrozar la campanilla, niña! Martín se reía abiertamente. —Joder, señora, con usted da gusto. ¿No quiere quedarse a aplaudir también? —No te rías de mí, gañán —replicó ella, dándole un toquecito en el fornido brazo mientras salía—. Yo sólo me preocupo por mi niña. Que luego va una al centro de salud con la boca llena de llagas y te miran raro. ¡Ale, seguid a lo vuestro, pero con higiene! Y cerró la puerta tan tranquila, como si acabara de preguntar si querían más croquetas. Martín miró a Jessi con una ...
... ceja levantada. La chica se había sacado la polla de la boca, pero no por eso había parado: la pajeaba con una mano firme, chorreando saliva por todos lados. El rabo de Martín brillaba, empapado, con hilos gordos de baba colgando entre el glande y sus labios, como si acabara de escupirle un caramelo derretido. Sonreía, juguetona, como si nada. —¿Pero esta casa qué es, Cine de Barrio X? Jessi, con un ataque de risa nerviosa, volvió a inclinarse y retomó la mamada, decidida a tragarse entera la polla del camionero aunque tuviera que acabar en urgencias. Él la guió con ambas manos, sujetándola por los lados de la cabeza como si tuviera entre las palmas algo de su posesión. No era precisamente delicado: tiraba de ella con ritmo y fuerza, haciéndole marcar bien cada bajada. —Eso es, nena… así me gusta. Hasta la garganta, venga, que no he venido hasta aquí a verte soplar flautas de colegio —le gruñó con esa voz ronca de macho en celo, con un deje socarrón que la ponía aún más nerviosa. La joven prostituta, pese a la torpeza inicial, se esforzaba con una mezcla de picardía y orgullo. Se atragantaba de vez en cuando, los ojos llorosos, la boca abierta y brillosa, pero volvía a metérsela sin rendirse. Martín no le quitaba ojo, embobado por el contraste de esa boquita lozana y su rabo monstruoso, que parecía tener vida propia. —Madre mía, chiquilla, pareces una paleta tragándose un pepino por la vía rápida —se mofó Martín, y le dio dos azotes suaves en las mejillas, ...