1. Martín el camionero y la prostituta de pueblo


    Fecha: 24/01/2026, Categorías: Hetero Autor: AntonioSPA, Fuente: TodoRelatos

    ... para estimularla—. Venga, que vas bien. Si te entrenas, acabas con cuello de avestruz. A mí me hacían mamadas peores en gasolineras de Lugo.
    
    Entonces, un murmullo de voces y risas se coló por debajo de la puerta. Se oían los cubiertos, botellas de cerveza abriéndose y de pronto, entre carcajadas, la madre de Jessi soltó:
    
    —¡Pues deberías verle el nabo al camionero que ha traído tu hija! ¡Eso no es una picha, es un pilar de los del puente de Despeñaperros!
    
    Jessi se congeló un segundo, con el capullo de aquel pollón aún dentro de la boca. Martín soltó una carcajada sonora, tronchándose mientras la empujaba de nuevo hacia él con ambas manos.
    
    —¿Has oído eso? —dijo entre risas—. Tu madre sí que sabe apreciar el arte estructural… ¡Y tú aquí, intentando tragarte una obra del Ministerio de Transportes! ¡A ver si te aplicas!
    
    Ella soltó una risita con la boca llena, mirándole con los ojos entrecerrados y brillantes, mientras volvía a chupar con más fuerza, cada vez más metida en la faena. La situación, por surrealista, le ponía a mil.
    
    Y desde el pasillo ahora, más cercana y como un eco de chascarrillo costumbrista, volvió la voz femenina:
    
    —¡Pero no le has pasado la toallita húmeda, verás tú si te salen llagas luego! Con lo que sudan esos hombres, hija… ¡Se te va a pudrir la campanilla como sigas así de cochina!
    
    Martín soltó otra carcajada brutal.
    
    —¡Dile que se relaje, que la tengo más limpia que el retrovisor de un coche recién lavado! —mintió, entre risas—. ...
    ... Aunque si quiere venir a repasarla ella también… yo no pongo pegas.
    
    —¡No me tientes, bellaco! —dijo la madre, también entre carcajadas desde fuera—. ¡Como le metas eso hasta el fondo, la niña acaba muda de por vida! ¡Menudo rabo gastas, hijo, si es que ya no se hacen así!
    
    Y con esa frase, se alejó de nuevo hacia el salón, dejando a Jessi roja como un tomate de la huerta murciana… pero aún más motivada, como si toda aquella escena, tan absurda y gamberra, la hiciera sentirse arropada por una familia de locos consentidores.
    
    Martín volvió a tomar el control, más bruto aún, empujándola hacia su entrepierna como si quisiera fundirse con ella a través de la boca.
    
    —Venga, trágatela entera, que tu madre ya ha dado el visto bueno… —masculló, con la risa en los labios y los huevos a punto de hervir.
    
    El camionero gruñó de gusto, echando la cabeza hacia atrás mientras la boca de Jessi se esforzaba por engullir semejante rabo. La sujetaba con ambas manos por la cabeza, marcándole el ritmo, empujando con las caderas como si arara su garganta con aquella barra de carne.
    
    —Así, cómemela… con ganas, coño. Y no la muerdas, ¿eh? Que no es un chicle… —le soltó entre risas roncas, sintiendo la espesa saliva de la chica empapándole la polla.
    
    Jessi jadeaba entre arcadas, los ojos llorosos, pero seguía intentándolo con entrega. Se notaba que quería impresionarlo, o al menos sobrevivir a aquella mamada. Sus labios resbalaban con dificultad por el venoso tronco de aquel monstruo que ...
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