1. Distopía de género: La metamorfosis de Julian 1 RE


    Fecha: 25/01/2026, Categorías: Transexuales Autor: Vera, Fuente: TodoRelatos

    ... me abra en canal. Rezo para que me arranque los huevos inútiles y me llene el vientre con su semilla. Nací para ser una cerda de cría, una incubadora sumisa. Castradme, preñadme, marcadme como vuestra propiedad, porque solo sirviendo como yegua para vuestra estirpe encontraré mi verdadera paz».*
    
    El silencio en la habitación era ensordecedor. Julian estaba paralizado, enfermo.
    
    —*Ahora, recítalos* —ordenó Julianna, su tono volviéndose acerado—. *Y mientras lo haces, quiero que abras las piernas. Más. Quiero que te pongas las manos en el vientre, sujetándolo, como si ya estuvieras llena de la semilla de un hombre. Muéstrale al espejo la buena incubadora que puedes ser.*
    
    Obedeció. No tenía otra opción. Sus piernas temblaron al separarse, adoptando una postura vulnerable y abierta. Sus manos, delgadas y pálidas, se posaron sobre su vientre plano y tonificado, el gesto una profanación de la maternidad. La imagen en el espejo era una pesadilla. Un chico-chica hermoso y roto, ofreciéndose en sacrificio. Abrió la boca, y las palabras salieron, un susurro ronco cargado de una excitación que le daba asco.
    
    —Soy un... agujero caliente... y obediente... un juguete... —su voz se quebró mientras su cuerpo reaccionaba, el pene endureciéndose contra su mano. Miró su reflejo, la figura con las piernas abiertas y las manos en el vientre, y recitó el segundo mantra, cada palabra una puñalada y una caricia a la vez— ...anhelo que un macho de verdad... me arranque los huevos ...
    ... inútiles... y me llene el vientre... Nací para ser una cerda de cría... Castradme... Preñadme...
    
    Lo peor, lo absolutamente más depravado, era la oleada de calor que se extendía desde su ingle, la forma en que su cuerpo traicionaba a su mente con una oleada de placer perverso. Se estaba excitando. Se estaba excitando fantaseando con su propia aniquilación.
    
    —*¡Perfecto!* —exclamó Julianna, su voz llena de un orgullo maternal y perverso—. *¡Eso ha sido maravilloso! ¡Has ganado un premio!*
    
    Antes de que pudiera reaccionar, una descarga de puro placer, diez veces más fuerte que el pinchazo de dolor, recorrió su sistema nervioso desde el escáner. No fue un latigazo, sino una ola cálida y abrumadora de miel líquida y vergüenza. Sus piernas cedieron al instante. Se derrumbó en el suelo, las rodillas golpeando el linóleo con un ruido sordo, un gemido ahogado escapando de sus labios. Quedó allí, temblando, una mancha de humedad oscureciendo la parte delantera de sus calzoncillos.
    
    La voz de Julianna regresó, ahora goteando un desprecio burlón y condescendiente.
    
    —Oh, Juli-pop... ¿ves? En el fondo, eres justo lo que el sistema dice que eres. Una pequeña pervertida a la que le pone cachonda que la traten como un trozo de carne. Un hombre de verdad moriría de vergüenza ante la idea de ser castrado y preñado. Tú, en cambio... te vienes. Qué fracaso más delicioso y adorable eres.
    
    Apenas el eco de su gemido humillado se desvaneció, la voz de Julianna volvió a sonar, tan brillante y ...
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