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El despertar sexual de Denisse y Amy.
Fecha: 25/01/2026, Categorías: Incesto Lesbianas Masturbación Autor: A-relatora, Fuente: SexoSinTabues30
Relato dedicado a la escritora de este hermoso portal @ANAPAU (Paulina) que con sus relatos me animo a escribir esto. Esta historia puede ser ficticia, puede ser real, puede ser una mezcla de ambas. Usted, querido lector, será quien juzgue. El despertar sexual de Denisse y Amy. La luz del atardecer se filtraba por la ventana de mi habitación, pintando las paredes blancas de tonos dorados. A mis 16 años, el mundo seguía siendo un rompecabezas de reglas estrictas y silencios impuestos. Morena clara, ojos negros como la noche, cabello oscuro que me rozaba los hombros – un cuerpo que, según mi madre, era «un templo del Espíritu Santo» que debía mantenerse puro e intocable hasta el matrimonio. Y así lo había hecho. Delgada, pero con curvas que a veces me resultaban incómodas bajo los vestidos modestos: pechos medianos, redondos y firmes que intentaba ocultar, nalgas grandes, redondas y duras que hacían que algunos jeans se sintieran como una segunda piel demasiado reveladora, y una cintura breve que marcaba un contraste que, en mi ignorancia, apenas comprendía. La virginidad no era una elección; era el aire que respiraba en nuestra casa cristiana, donde el sexo era sinónimo de pecado, un tema susurrado con vergüenza o simplemente ignorado. Nunca había tenido novio. Nunca había sentido ese «deseo carnal» del que hablaban los pastores con tanta advertencia. Hasta ahora. Todo cambió cuando entré a la preparatoria. Entre los pasillos llenos de gente y las aulas ...
... impersonales, conocí a Paulina. Era como un huracán de luz en mi mundo gris. Güera, pelo castaño claro que ondeaba libremente, con una figura sensual que llevaba con una confianza que me dejaba boquiabierta. Vestía jeans rotos que acariciaban sus caderas, blusas que mostraban un escote discreto pero sugerente, y sonreía con una libertad que desafiaba todas mis certezas. Era liberal, atrevida, y hablaba de cosas que en mi casa ni siquiera se nombraban. Contra todo pronóstico, nos hicimos amigas. Ella parecía fascinada por mi inocencia, y yo, secretamente hipnotizada por su audacia. Un martes después de clases, mientras tomábamos un café en la cafetería, Paulina me miró con esa sonrisa juguetona que ya empezaba a reconocer. «Denisse, tengo algo para ti,» dijo, sacando un pequeño pendrive plateado de su bolso de tela colorida. Lo deslizó sobre la mesa hacia mí. «Es un regalo. Para que lo veas en privado, en tu cuarto. Sin preguntas.» Lo tomé, frío y pequeño entre mis dedos. «¿Qué es? ¿Música? ¿Apuntes?» Pregunté, inocente. Ella rió, un sonido claro como campanillas. «Algo mucho más interesante. Confía en mí. Sé que hay algo en ti que aún no has descubierto. Esto… te ayudará a entender.» Su mirada era intensa, penetrante. «Yo sé por qué el sexo con chicos no te llama. Y no, no es solo por tu familia o la religión.» Bajó la voz. «Yo también soy así.» Mis ojos se abrieron como platos. «¿Así? ¿Cómo?» «Ya lo verás,» dijo misteriosamente, parándose. «Solo prométeme que lo ...