1. El despertar sexual de Denisse y Amy.


    Fecha: 25/01/2026, Categorías: Incesto Lesbianas Masturbación Autor: A-relatora, Fuente: SexoSinTabues30

    ... lleno de culpa y pánico, desconecté el pendrive como si quemara. Lo escondí en el cajón más profundo de mi escritorio, debajo de cuadernos viejos. Apagué la laptop. Me senté en la cama, jadeando, intentando orar, pedir perdón por haber visto algo tan impuro. Pero las imágenes no se iban. Se repetían en mi mente con una claridad perturbadora. El calor no cedía; al contrario, parecía intensificarse, centrándose en ese núcleo palpitante entre mis piernas. Era una necesidad física, urgente, como un picor que debía rascarse.
    
    Por primera vez en mi vida, la idea de tocarme allí no vino acompañada solo de culpa, sino de una curiosidad abrasadora. ¿Cómo se sentiría? ¿Aliviaría esa presión extraña y ardiente?
    
    Con manos que temblaban, me levanté y cerré con llave la puerta de mi habitación. Volví a la cama. La oscuridad de la habitación, solo rota por la luz de la luna que entraba por la ventana, me daba un falso sentido de intimidad. Lentamente, casi sin creérmelo, levanté el borde de mi camisón. Debajo, llevaba las bragas sencillas, de algodón blanco, que mi madre me compraba.
    
    Lentamente baje mi mano, acaricie mi sexo por encima de las bragas, un torrente de electricidad recorrió mi cuerpo. Tuve que utilizar toda mi fuerza de voluntad para no soltar un gemido sonoro. Mis dedos empezaron a jugar, acariciar, sentí como se humedecía el algodón de la ropa interior. Me atreví a más, introduje mi mano derecha debajo de las bragas y por primera vez pude sentir el roce de mis dedos ...
    ... en mis labios vaginales de forma pecaminosa.
    
    Casi sin quererlo descubrí mi clítoris, un botón duro y sensible que al tocarlo me hizo sentir cosas que jamás hubiera imaginado, sensaciones llenas de placer. Me concentre en ese botoncito mientras mi mano izquierda ya tocaba mis pechos y acariciaba mis pezones, erectos y duros como una roca.
    
    En mi mente no dejaba de ver las imágenes de esas dos hermanitas, esas imágenes pecaminosas, no solo por el sexo o por que fuera un encuentro lésbico, sino por lo prohibido y el tabú del incesto y el amor entre menores de edad. No dejaba de pensar e imaginar que yo era la que besaba y tocaba a la más pequeña, la que le producía ese placer.
    
    Con esos pensamientos, esas imágenes y el toque de mis manos llegué a lo que fue mi primer orgasmo en mis 16 años de vida. Cuando la oleada paso, la culpa y el remordimiento me invadieron, pero también me sentía satisfecha, diferente, una nueva Denisse había nacido. Una Denisse que estaba descubriendo no solo el placer de lo sexual, sino de su naturaleza. Una Denisse que le gustaban las chicas… las chicas menores.
    
    Al día siguiente me sentía llena de vergüenza, no podía mirar a Paulina a los ojos cuando me preguntó si había visto su regalo, aunque no había necesidad de que le contestara, lo adivinó en cuanto vio mi rostro.
    
    Paulina me dijo: “Deni, no te preocupes, me di cuenta de lo que eres en cuanto empecé a conocerte, yo soy igual. Sé que es difícil asimilarlo, pero entre más rápido lo hagas, ...
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