1. El despertar sexual de Denisse y Amy.


    Fecha: 25/01/2026, Categorías: Incesto Lesbianas Masturbación Autor: A-relatora, Fuente: SexoSinTabues30

    ... más gozarás.”
    
    “Pero está mal, es pecado, además son menores… no sé cómo pude dejarme llevar…» Empecé a contestarle, pero Paulina me hizo callar con un dedo en mis labios.
    
    Me explico muchas cosas, me contó su historia, cómo descubrió su gusto por los menores gracias a su novio, como han tenido experiencias inimaginables y como lo han gozado. Sus palabras me impactaban, pero también me excitaban. Sentía ese calor en mi vagina, como se humedecían mis bragas.
    
    A partir de ese momento Paulina se convirtió en mi maestra, mi mentora. Me proporcionaba videos de niñas teniendo sexo con mujeres que podrían ser sus madres, sus hermanas. También con hombres que podrían ser sus padres, y tal vez lo eran. El ver gozar a esas niñas era lo que más me excitaba, aunque lo negara, aunque me tratara de convencer que estaba mal, que era pecado, para mí era lo más excitante del mundo y estaba bien.
    
    Gracias a los consejos de Paulina empecé a depilar mi pubis. El masturbarme por las noches o cuando me quedaba sola viendo esos videos se volvió costumbre, una costumbre deliciosamente pervertida. Era un placer tocarme así, con mi vagina suave, sin un pelito, imaginando que tocaba los pubis de esas nenas, de esas hermosuras… tal vez… de mi propia hermana… y ese pensamiento me aterro pero también me lleno de deseo, un deseo insano que no podía reprimir cada que veía a Amy, mi hermanita de tan solo 10 años.
    
    Paulina me habló de los placeres de sentirse sexy, sabía que no podía vestir de ...
    ... forma atrevida por la situación de la religión en casa, pero me contó de lo delicioso que era sentir una tanga en tu piel. Algo que nunca había sentido y deseaba hacerlo.
    
    Esa tarde, impulsada por una audacia nueva y aterradora, me había detenido en una tienda pequeña en el camino a casa. Con el corazón en la boca, había comprado algo que jamás hubiera imaginado poseer: una tanga. Negra. Minúscula. Solo un triángulo delantero diminuto y finas tiras que se unían en la espalda. Un secreto de seda y encaje contra mi piel.
    
    Esa noche mis padres habían ido a un retiro en la iglesia de dónde el pastor era mi tío, hermano de mi papá, así que sabía que podría estrenar mi diminuta prenda, prensa de placer y de pecado.
    
    Después de cenar y de que mi hermana se retirara a su habitación, me preparé para mí ritual. Cerré la puerta, encendí la laptop y puse mi video favorito, el primero que vi, el de esas dos hermanas que se devoraban a besos. Lentamente me desnudé y me puse la tanga. Paulina tenía razón, el sentir esa tela metiéndose entre mis nalgas, acariciando mi vagina era algo realmente exitante, me sentí poderosa, sensual. Y así empecé a acariciarme.
    
    Acaricié la delicada tela negra que contrastaba tan salvajemente con mi piel morena clara. La humedad que sentía era evidente allí, empapando la fina tela. El contraste entre la negrura de la tanga y mi piel, la forma en que apenas cubría pero a la vez acentuaba mis curvas, me produjo un nuevo escalofrío de excitación. Las imágenes ...
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