1. El despertar sexual de Denisse y Amy.


    Fecha: 25/01/2026, Categorías: Incesto Lesbianas Masturbación Autor: A-relatora, Fuente: SexoSinTabues30

    ... estás haciendo?»
    
    Intenté cubrirme, tapando con mis manos mis pechos con torpeza. «N-nada, Amy. Por favor, vete. Fue un error, yo…»
    
    «¿Eso… eso es lo que sientes?» preguntó, dando un paso dentro de la habitación y cerrando la puerta suavemente tras de sí. No con un portazo, sino con un cuidado que aumentó mi confusión. Su mirada no se apartaba de la forma en que la tanga negra se hundía entre mis muslos, o de mis pechos que aún se movían con mi respiración agitada. De reojo veía la computadora donde las niñas seguían besándose. «Esa… esa ropa… Nunca te había visto algo así.»
    
    «Es… es nueva,» balbuceé, sintiendo que me ardía la cara. «Amy, por favor, olvídalo. Es pecado, es…»
    
    «¿Pecado sentirse así?» Ella dio otro paso, acercándose a la cama. Su presencia, menuda y delgada, parecía llenar la habitación de una nueva energía, una tensión eléctrica que nunca había existido entre nosotras. «¿Pecado tocarte… así?» Su mirada bajó de nuevo a donde mi mano trataba de cubrir la tanga, pero el mensaje era claro. «Yo… yo no sé cómo se siente.» Su confesión fue un susurro casi inaudible, pero cargado de una curiosidad que resonó en mi alma. «Nunca… nunca he hecho eso. Pero al verte… Denisse, al verte… sentí algo. Algo raro. Caliente.»
    
    Sus palabras cayeron como chispas sobre paja seca. El miedo y la vergüenza no desaparecieron, pero fueron eclipsados por una oleada de comprensión y una conexión profundamente nueva. Ella también estaba reprimida. Ella también ignoraba. Y al ...
    ... verme… algo había despertado en ella también. La atracción que Paulina había insinuado, que los videos habían mostrado, no era abstracta. Estaba aquí, ahora, en la mirada oscura y cargada de mi hermana.
    
    «Es… es como un fuego,» susurré, mi voz temblorosa. «Aquí.» Sin pensarlo, llevé mi mano, aún temblorosa, y la posé sobre mi vientre bajo, sobre la tanga. «Y cuando tocas… es como si… como si necesitaras más. Como si algo estuviera a punto de… explotar.»
    
    Amy se mordió el labio inferior. Su pecho se elevaba y descendía con rapidez. Dio el último paso que la separaba de la cama. Ahora estaba junto a mí, tan cerca que podía sentir el calor que emanaba de su cuerpo, oler su fragancia limpia, mezclada con una nota nueva, cálida, de excitación. Su mirada recorrió mi cara, bajó a mis labios entreabiertos, luego volvió a encontrarse con mis ojos.
    
    «¿Puedo…?» Su voz fue apenas un soplo. No terminó la pregunta, pero su mano se elevó, suspendida en el aire entre nosotras, preguntando, pidiendo permiso. ¿Para qué? ¿Para tocar mi cara? ¿Mi pelo? ¿O algo más?
    
    La tensión era palpable, un campo de fuerza vibrante que nos envolvía. Todas las enseñanzas, todos los sermones, todas las advertencias sobre el pecado y la pureza se desvanecieron en ese instante, barridos por la fuerza bruta de un descubrimiento físico y emocional demasiado grande para contener. Vi el deseo en sus ojos, un reflejo del mío. Vi la misma confusión, la misma necesidad de entender, de explorar. Y sobre todo, vi a mi ...
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