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Sombras (Capítulo 1)
Fecha: 26/01/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Darthmaull, Fuente: TodoRelatos
... sabía que cada vez que ella cedía, se volvía más vulnerable, más maleable. Imaginaba su boca en lugar de su mano, sus labios rodeando su polla, o incluso más, su cuerpo bajo el suyo, desnudo y sumiso en este mismo despacho. La idea lo hizo gruñir, su respiración volviéndose más pesada mientras sentía que se acercaba al clímax. —Joder, Laura, no pares. Lo haces tan bien… tan jodidamente bien —murmuró, su voz ronca, mientras sus ojos se clavaban en ella, buscando alguna reacción, algún signo de que pudiera empujarla más allá. Laura no respondió, no lo miró. Sus ojos estaban fijos en el suelo, su rostro una máscara de vacío mientras su mano seguía moviéndose, más rápido ahora, deseando que terminara de una vez. Sentía la humedad del precum en sus dedos, la forma en que su polla se tensaba, lista para explotar, y el asco la golpeaba en oleadas. Pero no podía parar, no podía permitirse parar. En su mente, se repetía que esto era lo máximo, que no habría más, que no dejaría que Carlos la llevara más lejos. Pero una parte de ella, una parte que no quería escuchar, sabía que él no se detendría, que cada vez que lo hacía se volvía más débil, más incapaz de resistir. Finalmente, con un gemido gutural, Carlos se corrió, su semen caliente brotando ...
... con fuerza, manchando la mano de Laura, goteando entre sus dedos y cayendo en pequeñas gotas sobre el suelo. El olor acre llenó el aire, y ella retiró la mano de inmediato, como si quemara, mirando con horror la viscosidad blanca que cubría su piel. Su estómago se revolvió, pero se contuvo, apretando los labios con fuerza mientras se levantaba de la silla, sus movimientos rígidos y rápidos. Carlos dejó escapar un suspiro largo, satisfecho, mientras se recomponía, subiendo su ropa interior y abrochándose el pantalón con una lentitud deliberada. Su rostro mostraba una sonrisa de triunfo, y cuando habló, su voz estaba cargada de una falsa amabilidad. —Gracias, Laura. Sabes que esto nos beneficia a los dos. Tu puesto está seguro, como te prometí. Nos vemos mañana, ¿de acuerdo? Ella no respondió, no lo miró. Sin decir una palabra, se dirigió hacia la puerta, su mano aún pegajosa colgando a su lado, mientras sentía que el peso de lo que había hecho la aplastaba. No sabía cuánto tiempo más podría seguir así, cuánto tiempo más podría soportar esto antes de que algo dentro de ella se rompiera por completo. Pero por ahora, solo podía salir de allí, lavar sus manos una vez más, y fingir que todo estaba bien, aunque sabía que nunca volvería a estarlo.