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Sombras (Capítulo 1)
Fecha: 26/01/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Darthmaull, Fuente: TodoRelatos
... comentarios o fantasías que la hacían sonrojar. "Imagínate que alguien te ve así, tan guapa, y no puede resistirse", le había dicho una vez, medio en broma, medio en serio, mientras sus manos recorrían su cuerpo. Laura siempre respondía con una risa nerviosa y un cambio de tema, pero esas palabras se quedaban flotando en el aire, como un eco que no sabía cómo interpretar. Miguel trabajaba como técnico de mantenimiento en una fábrica local, un empleo físico que lo dejaba agotado al final del día, pero que no le ofrecía muchas satisfacciones. Últimamente, había estado más irritable, quejándose de dolores de espalda y de la monotonía de su rutina. Su vida con Laura, aunque estable, había perdido el fuego de los primeros años. Las noches de pasión eran ahora esporádicas, reemplazadas por conversaciones prácticas sobre el dinero, la casa o el coche que necesitaba una reparación. Sin embargo, en su mente, Miguel seguía alimentando pensamientos que no compartía del todo con ella, fantasías de verla deseada por otros, de imaginarla en situaciones que él no podía controlar. Era un morbo que lo avergonzaba y lo excitaba a partes iguales, un secreto que guardaba mientras fingía que todo estaba bien. Laura salió de la cocina con dos tazas de café humeante y se acercó al sofá, sentándose a su lado con un suspiro. Le ofreció una taza a Miguel, quien la tomó sin apartar la vista del televisor por un momento antes de girarse hacia ella con una sonrisa cansada. —Gracias, amor. ¿Qué ...
... tal tu día? —preguntó él, su voz grave pero con un tono rutinario, como si la respuesta no importara demasiado. —Bien, lo de siempre. Mucho papeleo en la oficina. Y tú, ¿qué tal en la fábrica? —respondió Laura, acomodándose un mechón de cabello detrás de la oreja. Su voz era suave, casi tímida, como si siempre midiera sus palabras. —Un coñazo, como siempre. El jefe me tuvo media mañana subiendo y bajando escaleras para arreglar una máquina que al final no tenía nada. Me duele todo —se quejó Miguel, dando un sorbo al café y luego mirándola de reojo—. Aunque, mirándote a ti, se me olvida un poco el dolor. Estás guapa hoy, ¿sabes? Laura soltó una risita nerviosa y bajó la mirada, sus mejillas tiñéndose de un leve rubor. Era un cumplido que Miguel le hacía a menudo, pero siempre la pillaba desprevenida, como si no estuviera acostumbrada a que la vieran de esa manera. —Anda, no digas tonterías. Estoy hecha un desastre, no me he arreglado ni nada —replicó ella, tirando del borde de su camiseta ancha, como si quisiera esconderse. —No hace falta que te arregles, Laura. Tienes algo que… no sé, que atrae. Ese culo tuyo, por ejemplo. Es un pecado que lo escondas tanto —dijo Miguel con una sonrisa pícara, inclinándose un poco hacia ella. Sus ojos tenían un brillo que ella conocía bien, una mezcla de broma y deseo que siempre la ponía en guardia. —¡Miguel, por favor! — exclamó ella, dándole un leve empujón en el hombro, aunque no pudo evitar reírse. Sin embargo, había ...