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Mi mujer entregada a mi empleado (2)
Fecha: 28/01/2026, Categorías: Infidelidad Autor: charli, Fuente: CuentoRelatos
Así, comenzaron los tocamientos primero por encima de la ropa y al poco ambos totalmente desnudos en el sillón. Mi mujer puso una cara de asombro al ver aquella herramienta en su plenitud, no solo por lo larga sino también por lo ancha. Mi mujer miró discretamente hacia donde sabía que yo me encontraba y con una sonrisa pícara hizo ademán de aprobación y sorpresa. Mi mujer estaba tumbada a lo largo en el sillón, mientras Luis de pie comenzó a masajearle la entrepierna con una mano y las tetas con la otra. Mi mujer cogió aquel nabo con la mano y con ritmo acompasado comenzó a hacerle una paja muy suave mientras tenía fija su mirada en aquel monumental falo. Luis se le acercó a la cara y mi mujer intentó meterse el pene en la boca, con el fin de hacerle una mamada, para lo cual tuvo que abrir sus labios a tope para que le entrase, pero no se le iba a resistir, por supuesto que entraba. Luis comenzó unos acompasados ritmos de mete saca mientras mi mujer se atareaba en procurar que aquella polla le entrase lo más posible en la boca mientras a la vez lo pajeaba. Mi mujer se encorvaba de piernas permitiendo que Luis le metiese dos o tres dedos en el coño. Yo por sus convulsiones con las piernas diría que tuvo una primera eyaculación, pues intentaba gemir de gusto con su boca llena a rebosar por aquel monumental pene. Luis se lo sacó de su boca a la altura de su cara y mi mujer casi no consiguiendo abarcarlo con la mano comenzó a pajearlo con ritmo más acelerado. Luis puso ...
... cara de placer y se corrió en la boca y cara de mi mujer. Esta se incorporó para ir al servicio a limpiarse mientras Luis quedó extenuado en el sillón. Mi mujer se quedó mirando hacia donde yo estaba. La leche de Luis le resbalaba por sus tetas y vientre. Yo le hice una señal de aprobación, pues mientras veía esto, me había hecho una paja monumental que me llenó con un orgasmo tremendo. Al regresar mi mujer con una toalla limpiándose los restos de la corrida de Luis, me dijo “dentro de poco nos iremos a la cama”. Era el momento de abandonar mi puesto y meterme en el vestidor de nuestra habitación. Este vestidor era de muy buenas proporciones, estaba frente a la cama y tenía cuatro puertas que se abrían por la mitad como una acordeón. En la parte derecha estaba la ropa y calzado de mi mujer, en la izquierda la mía. En medio un amplio pasillo de metro y medio. Las puertas eran de lamas de madera blancas separadas por un centímetro lo cual me permitía ver todo lo que ocurría en la habitación. Yo me desnudé completamente y me puse cómodo sentado en una silla. A los cinco minutos veo que la puerta de la habitación se abre y observo que Luis portaba a mi mujer en brazos, tumbándola en la cama. Luis se tumba junto a ella y comienzan a besarse y a acariciarse todo el cuerpo el uno al otro. Luis pretendió apagar la luz, pero mi mujer se lo impidió diciéndole que quería ver su gran polla en todo momento. Mi mujer no se la soltaba bajo ningún concepto, creo que se hizo el ama de ...