-
La Mirada en el parque (lunes II)
Fecha: 02/02/2026, Categorías: Gays Autor: Jhosua, Fuente: TodoRelatos
La Mirada en el parque (lunes II) Desde que me inicié sexualmente a muy temprana edad, aprendí lo que aquellos hombres buscaban en mí. Yo era un chico joven. Casi a las puertas de mis trece años. Marcado por mi apariencia, debido a mi retraso de mi pubertad, esa que nunca llegue a tener. Un problema con un cromosoma X adicional. Un par de síndromes de esos que no tienen cura, y cuyos síntomas te marcan. Marginado por mi aspecto y mi fisionomía andrógina, anhelaba socializar, pero ni mis compañeros ni cierto entorno parecían dispuestos a ayudar. Mostraban una empatía superficial, no lo que yo realmente necesitaba; sentía que otros decidían mi destino. Mi escape en aquel tiempo, no era otro que un parque cercano, a medio camino entre mi casa y el colegio. Yo me detenía unos días cuando iba al colegio, y en otras ocasiones, cuando iba de regresa a casa. Aquí en Sevilla, bajo el sol que a veces quemaba y otras acariciaba, ese era mi rincón. Allí me perdía, buscaba un lugar, un refugio donde pudiera estar a solas con mis pensamientos, y mi propio disfrute. Yo era un chico ingenuo e inocente, o al menos así lo explotaba. En ese sitio, me convertía en carne de cañón para hombres sedientos de saciar sus más bajos instintos. Me sentaba en uno de esos bancos, lugar oculto a miradas extrañas e inquietas. Buscaba quizá el roce casual de la soledad, el calor efímero de una charla sin compromiso con un desconocido. O quizás, sin buscarlo del todo, anhelando esa ...
... excitación prohibida que acechaba en el aire. La verdad es que, más allá de cualquier cosa que creyera desear, lo que encontraba sin quererlo era una especie de presa. Es así, una y otra vez, encuentros ocasionales y espontáneos. Son experiencias diarias, esas que solía repetir de lunes a viernes. Cada día normalmente uno diferente, o al menos lo intentaba. Intentaba limar mis fallos, torpezas, o las palabras que debía de decir. Mis experiencias diarias, comenzaría de esta forma, comenzaré narraros, aquel Lunes, por ejemplo, vale. Él lo sintió, lo supo. Su boca se acercó más a mi oreja, y con una voz que era casi un jadeo, me lanzó la propuesta. ·“¿Y si me ayudas un poco tú, eh?”. Exclamó, su tono era una mezcla de súplica y orden. Soltando. ·“Tócamela, venga, anímate, tócala, aunque sea por encima del pantalón. Verás qué bien se siente esta polla en tu mano”. Y sin esperar respuesta, su otra mano, la que rodeaba mis hombros, con rapidez tomó mi mano y me guio ingeniosamente para que la mía se posara sobre su entrepierna. Sentí la firmeza de su miembro bajo la tela, palpitando con una urgencia que no necesitaba palabras. Exclamando. ·“Así, sí... eso es. No me digas que no tienes curiosidad por verla, pequeño. Te aseguro que te va a encantar lo que vas a encontrar”. Dijo. Su voz era una seducción pura. Sugiriendo. ·“Podríamos meternos en esos matorrales de atrás, ¿qué te parece? Estaríamos más cómodos, y no nos molestaría nadie. Vamos, nos lo vamos a pasar de ...