1. La Mirada en el parque (lunes II)


    Fecha: 02/02/2026, Categorías: Gays Autor: Jhosua, Fuente: TodoRelatos

    ... puta madre, cielo. Ven y deja que te haga gemir”.
    
    La oferta pendía en el aire, visible como el calor de su mano en mí, y la de la mía sobre él. Los matorrales parecían la mejor manera de ocultarnos. Su mirada parecía susurrar un placer prohibido, una intimidad que me atraía y me aterraba a partes iguales.
    
    Me quedé un instante, el aliento contenido, haciéndome de rogar. No era un ‘no’ rotundo, pero mi negativa no se mantenía, mi forma con la cual lo dije, invitaba a dudar. Él lo entendió a su manera.
    
    Se levantó con una agilidad sorprendente para un hombre de su edad, y tras cogerme por la muñeca, tiró de mí con una fuerza suave pero decidida. No opuse resistencia. Me dejé llevar por su voluntad, y por mi propia curiosidad febril.
    
    Los matorrales se abrieron ante nosotros. Nos adentramos en la maraña de ramas y hojas, el sonido de las ramas rompiéndose y las hojas secas bajo nuestros pies el único indicio de nuestra intrusión.
    
    El aire se hizo más íntimo, y el sol se filtraba a duras penas, creando una sensación de secretismo. Finalmente, llegamos a un pequeño claro, un espacio apenas visible desde el exterior. El suelo, cubierto de envoltorios de preservativos, condones usados y clínex, eran la prueba de lo clandestino.
    
    Sin darme tiempo a reaccionar del todo, él se abalanzó sobre mí con un hambre contenida, echándose encima. Su peso me inmovilizó contra un árbol, y sus labios, húmedos y ávidos, buscaron mi boca con urgencia.
    
    Intentó besarme, pero yo giré la ...
    ... cabeza, ofreciéndole mi mejilla, mi cuello. En ese mismo instante, su mano ya estaba dentro de mi pantalón, magreando mi miembro con una posesión que me robó el aliento. Exclamó.
    
    ·“Vamos, chico... sácamela”.
    
    Jadeó contra mi piel, su voz ronca. Animándome.
    
    ·“Sé que lo estás deseando. No te hagas ahora el estrecho. Sé que tu polla está tan dura como la mía”.
    
    Volviendo a animarme, y con ese tono, que era casi un susurro. Propuso.
    
    ·“Sé que te mueres por ella. Tócala, magréala un poco. Siente cómo palpita por ti”.
    
    La orden, o más bien la súplica, resonó en mis oídos. El peso de su cuerpo sobre el mío, el calor de su mano en mi entrepierna, la súplica en su voz... todo me empujaba.
    
    Me hice rogar por un par de respiraciones más, un vestigio final de la indecisión. Pero la verdad es que la curiosidad, el morbo, habían ganado la batalla. Con un movimiento que aún hoy recuerdo con vívida claridad, me permití ceder.
    
    Sentí el pantalón, ya desabrochado y con la cremallera bajada, deslizarse un poco más por mis piernas, bajando hasta mis rodillas. Al mismo tiempo, mi mano, temblorosa pero obediente, se dirigió hacia su entrepierna.
    
    A través de la tela de su pantalón, sentí la rigidez. Su miembro estaba erecto, muy duro, con una excitación palpable que lo hacía palpitar bajo mis dedos. Una excitación que le hacía exudar, humedeciendo la tela. Él gimió, un sonido rudo que resonó en el pequeño claro. Exclamó.
    
    ·“Eso es, chico... así. Dale bien...”.
    
    Dijo, su voz ...
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