-
La Mirada en el parque (lunes II)
Fecha: 02/02/2026, Categorías: Gays Autor: Jhosua, Fuente: TodoRelatos
... ronca y entrecortada. Sugiriendo. ·“Aprieta, que se note que la tienes. Que la sientas toda, jodidamente gorda”. Mientras mis dedos se movían en un ritmo incipiente sobre su pantalón, él aprovechó mi distracción para mover su mano por mi espalda, descendiendo. Sentí sus dedos hábiles deslizarse por mis nalgas, acariciándolas con una avidez que me hizo tensar. No era un simple palpamiento, era un magreo insistente, exploratorio. Podía sentir la presión de sus dedos, buscando, deseando mi orificio anal a través de la tela. Era una sensación tan invasiva como excitante. De repente, con un movimiento experto, sentí cómo sacaba su miembro del interior de su pantalón, liberándolo. Una oleada de calor se desprendió de él, y lo vi. Estaba completamente erecto, palpitante, brillante con un precum que ya le cubría su glande. Me lo ofreció, sin una palabra, pero la intención era clara, era mi turno de tomar el mando. Mientras mi mano se cerraba alrededor de su tronco duro, él se inclinó de nuevo, su boca casi lamiendo mi oreja. Su aliento caliente y lascivo me invadió. Exclamó. ·“Venga, cielo... ¿a qué esperas?”. Exclamo, mientras me comió la oreja, susurrando con una voz que era una invitación irresistible. Sugiriendo. ·“Arrodíllate. Sé que quieres. Baja y hazme sentir en la gloria. Que sienta lo que me provocas con tu boca”. Y justo en ese momento, como si quisiera sellar la promesa de sus palabras, sentí uno de sus dedos, húmedo con mi propio precum, ...
... deslizarse con una presión firme y lenta dentro de mi orificio anal. Suspire. El comentario lascivo, el calor de su dedo penetrándome, la imagen de su miembro erguido frente a mí... todo se fusionó en un torbellino de sensaciones. Cerré los ojos, rendido al placer que me invadía. Me dejé hacer por ese hombre durante un cuarto de hora, al menos. Su mano en mi miembro se movía con destreza, mientras su dedo continuaba su juego en mi orificio anal. Los suspiros se volvieron gemidos. Y los gemidos eran jadeos. No podía pensar, solo sentir. En un momento, el hombre pareció frustrarse con la tela. Exclamándome. ·“Así no puedo tocarte bien, pequeño. Quiero sentir toda tu piel”. Murmuró, su voz un poco más agitada. Soltando. ·“Desnúdate. Venga hazlo para mí. Venga desnúdate”. Y con movimientos rápidos y decididos, procedió a despojarme de mis prendas. Procedí a descalzarme. Mis pantalones bajaron del todo, seguidos por mi ropa interior, arrastrados por sus hábiles manos. Me dejó prácticamente desnudo en el claro, vulnerable, expuesto, pero extrañamente, también liberado. El aire fresco de la tarde me acarició la piel, y la mirada devoradora de sus ojos se clavó en mi cuerpo, haciéndome sentir cada milímetro de mi desnudez. Mientras su mano continuaba el magreo en mi entrepierna, él volvió a su súplica, su voz un murmullo apremiante en mi oído. Exclamando. ·“Y si, pruebas tú. Venga, cielo, anímate”. Dice, sugiriendo. ·“Verás cómo al final te gusta. Te ...