1. La Mirada en el parque (lunes II)


    Fecha: 02/02/2026, Categorías: Gays Autor: Jhosua, Fuente: TodoRelatos

    ... succión constante, el masaje interno de sus dedos. Todo se fusionó en una marea creciente de sensaciones que se apoderaron de mi cuerpo. Mis caderas se levantaron, buscando más, impulsadas por un instinto primario.
    
    Mi respiración se volvió una serie de jadeos rotos, incapaz de articular palabra alguna. El mundo se redujo a la boca que me absorbía, y los dedos que me penetraban. Exclamo.
    
    ·“Vamos, chico, vamos... Dámelo todo”.
    
    Murmuraba él, su voz amortiguada por mi miembro, pero el aliento caliente me llegaba. Exclama.
    
    ·“Quiero sentirte reventar en mi boca, maricón. ¡Córrete, córrete para mí, puta!”.
    
    No era el primer comentario obsceno. Pero ahora sonaba diferente, eran obscenos y lascivos, lejos de ofenderme, solo encendió más la llama. Las palabras se mezclaban con el placer, con la vergüenza, con el abandono. Mis músculos se tensaron hasta el límite.
    
    Sentí las pulsaciones intensificarse, el temblor que me recorría de pies a cabeza. Mis ojos se abrieron de golpe, fijos en las ramas que se agitaban sobre nosotros, como si buscaran algo a lo que aferrarse en medio de la tormenta.
    
    Y entonces, exploté. La descarga fue violenta, incontrolable. Un chorro caliente y denso salió de mí, directo a su boca. Sentí el trago, el esfuerzo de su garganta al tragarse parte de mi semen, y su gemido de satisfacción me confirmó que había cumplido su deseo.
    
    Pero la cantidad era mucha para que todo cupiera. El resto, un chorro tibio y pegajoso, se derramó por mis muslos y ...
    ... tibia, acabando en mis pies, una mancha blanca sobre mi piel ruborizada.
    
    Mis músculos se relajaron de golpe, la tensión se disipó, dejándome mareado y aturdido. La cabeza me daba vueltas, y el suelo pareció bambolearse bajo mis pies. Cerré los ojos, respirando con dificultad, sintiendo el pegajoso rastro de mi propia eyaculación y el sabor persistente de la suya aun en mi boca.
    
    Estuve a punto de desplomarme, la fuerza me abandonó por completo. Me sentí vulnerable, expuesto, pero también extrañamente ligero, como si un peso enorme se hubiera liberado de mis hombros.
    
    Cuando abrí los ojos de nuevo, él me miraba con una sonrisa complacida, sus labios brillantes. Se incorporó un poco, su rostro cerca del mío. Exclamándome.
    
    ·“Qué rico, qué rico, mi puto... Mira cómo te he dejado”.
    
    Dijo, lamiéndose los labios con descaro. Exclama sonriente pícaramente.
    
    ·“Mírate. Todo empapado y tembloroso. Te ha gustado, ¿verdad? Sabía que te iba a gustar, ¡eh, zorra¡”.
    
    Me quedé allí, desnudo a falta de los calcetines, mis ropas esparcidas descuidadamente por el claro entre los matorrales. Mi rostro, cuello, pecho y boca manchados de semen, un brillante testimonio de lo que acababa de suceder.
    
    Y frente a mí, ese hombre, ahora reclinado sobre ese árbol, testigo de aquello, con la respiración entrecortada pero el semblante de pura satisfacción. Me miró, sus ojos brillando con una mezcla de triunfo y deseo. Soltó complacido.
    
    ·“Qué boca tienes, chico...”.
    
    Jadeó, una sonrisa ...
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