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Mi vecino adolescente 10
Fecha: 02/02/2026, Categorías: Bisexuales Gays Autor: bakoxeros, Fuente: SexoSinTabues30
... puse a lavar para después poner un juego limpio sobre la cama. Odiaba estar en ese cuarto, era incapaz de tumbarme en esa cama. Fui al salón y vi a Dani durmiendo plácidamente en la misma postura en la que lo dejé antes de ir al balcón. Su rostro parecía angelical y mis manos acariciaron su pelo instintivamente. Lo admito, en algún momento me sentí celoso de él. La complicidad que tenía con Leo me provocaba un sentimiento que me costaba digerir, aunque fue esta mañana, cuando lo vi en la cama con Leo, con el labio inferior mordido, cuando me di cuenta de que mis inseguridades no eran infundadas. Aquello me llenó de rabia y no me lo pensé dos veces en ponerle una pastilla para dormir en la bebida antes de ver la película para poder hablar por fin con Leo. El remordimiento me abofeteó de nuevo al ver lo que había llegado a ser capaz de hacer para tener a Leo. Unos años atrás, habría sido capaz de coger en brazos a Dani y llevarlo hasta mi cama, pero ya no era un niño. Le di un par de palmaditas en la cara para despertarlo mientras lo llamaba suavemente, hasta que abrió los ojos. ¿Qué pasa? – me preguntó, extrañado, con los ojos entrecerrados. Vamos a la cama. – le respondí en voz baja. Dejó salir un pequeño gruñido en señal de disconformidad, así que tiré de él para ayudarlo a incorporarse. Se quejó un poco, pero al final acabó accediendo y caminó como un zombi hacia el cuarto, dejándose caer en la cama como un saco de patatas. Aquello me sacó una pequeña ...
... sonrisa y lo tapé con la sábana antes de darle un beso en la cabeza. Llevé una almohada y una manta hasta el sofá e intenté dormir. No voy a negar que me costó mucho, las imágenes de lo ocurrido me sobrevolaban por la mente, aunque, no sé cuánto tiempo después, conseguí dormirme. Los días siguientes fueron algo duros. Leo me había pedido tiempo, y lo único que podía hacer era respetarlo. Dani, ajeno a todo, empezó a pasar más tiempo con él y, aunque me moría de celos, tragué saliva y los dejé estar. Esta vez no iba a ser egoísta. Leo necesitaba espacio, y si estar con mi hermano le ayudaba a sentirse mejor, yo no era nadie para impedírselo. Dejé de estar en casa la mayor parte del tiempo. Salía desde la mañana y no regresaba hasta tarde, pasando la mayor parte del tiempo con Tomás o Paco. Empecé a fumar a diario, me ayudaba a despejar la mente, y las cervezas comenzaron a ser más frecuentes. Algunas noches dormí en casa de Tomás, cualquier cosa para evitar ver a Leo. No porque no quisiera, sino porque no podía. La idea de encontrarme con su mirada y ver en ella todo lo que le hice era demasiado. Siempre avisaba a Dani antes de volver a casa por si Leo estaba y quería irse, para que no tuviésemos que vernos. Pasó una semana. Una semana de silencio en casa, de culpas acumuladas y noches sin dormir. Hasta que un día, a la hora de la siesta, Dani me acorraló en el salón. Yo acababa de entrar a casa, acaricié a Deku, que me saludaba con alegría y me intenté escabullir directo a ...