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El entrenamiento de Alina - IX
Fecha: 03/02/2026, Categorías: No Consentido Autor: Cory, Fuente: TodoRelatos
Alina permanecía de pie, con las muñecas apoyadas en el respaldo de una silla tapizada en terciopelo gris. Dos mujeres vestidas de negro —empleadas fieles de Rowan— trabajaban en su cuerpo con paciencia mecánica. Una de ellas terminaba de recoger su cabello en un moño pulido, sujeto con horquillas plateadas, mientras la otra colocaba con cuidado los pendientes de diamantes que combinaban con los nuevos piercings en sus pezones. Los aros en sus pezones eran grandes, con diamantes de veinte quilates cada uno, y tenían un diseño especial: un mecanismo interno que apretaba sus pezones con presión constante. Cada roce contra el corpiño le arrancaba un estremecimiento de dolor y placer mezclados. —Ya casi está, señorita —dijo una de las mujeres, aunque su voz era distante, sin verdadera empatía. Alina se mordió el labio, conteniendo un gemido. La otra empleada se arrodilló frente a ella y, con manos enguantadas, deslizó un dildo ancho y frío en su coño, que ya estaba adornado con piercings diminutos de diamantes sobre el clítoris, y otros en cada labio de su coño. El segundo dildo, más largo y pesado, fue empujado lentamente en su ano hasta quedar fijo, sin aceites por ordenes de Rowan. Él la quería deliciosamente dolida todo el tiempo. Ella se aferró a la silla, con la respiración temblorosa, mientras las mujeres aseguraban los arneses de encaje blanco que los sujetaban en su interior. Las bases de los dildos contenían pequeños vibradores silenciosos, que ...
... parpadearon en verde cuando las mujeres los activaron brevemente para probarlos. —Perfecto —dijo una de ellas con sequedad, comprobando que no se movieran. Después colocaron un vibrador extra, más pequeño, contra su clítoris, sujetándolo con una cinta fina de encaje que quedaba oculta bajo el corpiño. Alina tragó saliva, la sensación del frío metal y la presión eléctrica en su coño era tan abrumadora que tuvo que cerrar los ojos. Finalmente, entre ambas la ayudaron a vestirse. El vestido de novia que Rowan había elegido era hermoso y cruel a la vez: un corsé blanco perla, de corte sobrio y elegante, que moldeaba su cintura y la forzaba a mantener la espalda recta, con la falda larga y vaporosa cayendo en varias capas de tul suave. En apariencia, era un atuendo clásico, de novia inocente, pero ella sabía lo que llevaba debajo. Cada movimiento hacía que el vibrador se apoyara un poco más en su clítoris. El roce de la tela del corsé sobre sus pezones perforados era un recordatorio constante de su dueño. Cuando la última hebilla quedó ajustada y su maquillaje estuvo perfecto, Alina se quedó inmóvil frente al espejo. Su reflejo mostraba una novia hermosa, con el rubor cuidadosamente delineado en sus mejillas. Solo sus ojos delataban el temblor interno. La puerta se abrió en silencio. Rowan entró con paso seguro, vestido con un traje negro impecable, corbata gris oscuro y la misma mirada de control absoluto que tanto la sometía. Sus ojos recorrieron su figura lentamente, ...