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Antonio el camionero y el duelo de guarras
Fecha: 03/02/2026, Categorías: Incesto Autor: AntonioSPA, Fuente: TodoRelatos
... medio cerrados y el cuerpo en tensión, parecía anhelar de nuevo el calor y la humedad de dos bocas en su verga. Se giró con desgana y pesadez, como un caballo perezoso, y les volvió a plantar el miembro erecto delante de las caras, sin decir nada, con esa autoridad silenciosa que ya lo decía todo. El cuerpo del cincuentón imponía. Aquel torso ancho, velludo, con las tetillas oscuras marcadas y la barriga firme de camionero de los de antes, sudaba virilidad por cada poro. Las piernas abiertas, los muslos fuertes como jamones de bodega, y esa erección pesada colgando entre medias, todavía húmeda, aún latente, como si tuviera vida propia. Se rascó los huevos con la misma calma con la que otros se rascan la barriga después de repetir plato de cocido. —Venga, vosotras veréis —gruñó con media sonrisa torcida, bajando la vista hacia ellas como un señor feudal que examina el trabajo de sus criadas—. Aquí no se viene a descansar. Cuando Olivia volvía a coger el mando y se dedicaba a lamerle los huevos, uno a uno, con mimo casi maternal, Valeria aprovechó para mamarle la polla entera, lentamente, mirando a la otra de reojo, retándola. Antonio, de pie como un patriarca salido de los años cincuenta, bebía a sorbos, sudando, dejando caer alguna gota de cerveza por la comisura de los labios mientras soltaba frases de camionero en éxtasis. —Así me gusta, coño… que os peleéis por mi rabo como dos perras con hambre… Mira que sois guarras, ¿eh? Una con el marido currando y la ...
... otra igual, con la niña en el cole… y vosotras aquí, arrodilladas a mis pies como si estuvierais en misa. Pero la hostia consagrada es esta. Y al decirlo, se agarró la polla por la base, empuñándola con fuerza, marcando venas, y la alzó como si fuera un trofeo, un símbolo pagano de autoridad. Luego se la restregó por la cara, la lengua y las tetas de ambas, dándoles con ella como si repartiera bendiciones obscenas, orgulloso de su cetro de carne. —Seguid así… comédmela entre las dos. Que esta polla no se mantiene así de tiesa por obra del Espíritu Santo. Las dos obedecieron. Olivia se la metía entera hasta que se le caían las lágrimas. Valeria la sacaba y la escupía, le daba besos por el tronco y volvía a engullirla. Se pasaban la polla como si fuera un micrófono. Cada una queriendo cantar su himno de guerra. —¿Sabéis lo que me gusta más de esto? —dijo Antonio, con voz grave—. Que las dos tenéis cara de cagaros en mis muertos. Pero aún así tenéis el coño chorreando. Y las bocas… joder, las bocas hechas un asco. Así da gusto vivir, cojones. Olivia, con las tetas ya fuera del escote y el sujetador bajado hasta el ombligo, le agarraba los huevos con una mano mientras le besaba el vientre peludo, dejando marcas de saliva allí donde pasaba la boca. Valeria, justo debajo, con la baba cayéndole por la comisura y el maquillaje ya hecho un Cristo, se los chupaba desde abajo como si se los quisiera guardar para siempre. Tenía el cuello echado hacia atrás y los ojos medio ...