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Antonio el camionero y el duelo de guarras
Fecha: 03/02/2026, Categorías: Incesto Autor: AntonioSPA, Fuente: TodoRelatos
... cerrados, entregada al badajo como una posesa. La cerveza se acabó. Antonio, sin pensárselo, aplastó la lata con un solo gesto de la mano, haciendo crujir el aluminio contra su palma, y la tiró al suelo. —Voy a mearos en la boca como esto se alargue. —Hazlo —dijo Olivia, jadeante, con la polla restregándole la mejilla como si fuera un micrófono—. Mírame, papi… que ya te lo he bebido todo antes. Hazlo otra vez. Valeria parpadeó al oírla. Sintió un latigazo en el estómago, una punzada de rabia caliente. ¿Papi? ¿Pero quién se creía que era, esa guarra? Allí la única hija de Antonio era ella. La única que podía llamarle así sin que sonara a teatro barato. Apretó los labios y redobló esfuerzos. Como si le hubieran dado cuerda. Se centró en el glande con ansias renovadas, succionándolo con fuerza, con una fe ciega y desesperada. La boca le hacía ventosa, los mofletes se le hundían, y parecía que iba a metérselo hasta por la tráquea con tal de hacerle acabar antes que la otra. Se lo chupó impotente, exhausta, con un ritmo cada vez más frenético y hasta algo ridículo, como si aquel rabo fuera una manguera atorada y ella lo sorbiera con desesperación, creyendo que si lo chupaba fuerte acabaría sacándole hasta los huevos por la punta. Antonio, entre tanto, la miraba desde arriba con media sonrisa torcida y los ojos entornados. Notaba cómo le temblaban las piernas de gusto. —Así te quiero, joder… ¡como una perra tragona! —murmuró, echando la cabeza hacia atrás—. A ...
... ver cuál de las dos me hace correr antes… que voy lleno como un botijo. Antonio soltó una carcajada ronca y decidió darle a su hija un respiro, entonces se agarró la verga y las pegó frente con frente, con su rabo en medio. Empezó a mover las caderas despacio, con ese vaivén chulesco y pesado, masturbándose con el canal que formaban ahora aquellas dos bocas entreabiertas, húmedas y calientes, como si se hubiera fabricado un artilugio masturbador casero entre dos guarras en celo. La piel del rabo le brillaba con las babas mezcladas, resbalando arriba y abajo por aquella ranura de labios, dientes y lenguas que se abrían para él como si fueran un coño sin tope de fondo. —Miradme. Las dos. Eso es… —gruñó, con los dientes apretados y el gesto torvo de macho echao p’alante—. Vaya cuadro… Pero normal, ¿eh? Normal que estéis así, como dos perras de la calle… Si en vuestras casas no os sacan un rabo como este ni en sueños. Lo que tenéis es salchicha de dieta, y esto, esto es carne de la buena… De la que hace callar bocas. Y volvió a embestirles la boca, primero a una y luego a la otra. Sin compasión. Como si fueran dos agujeros hechos para eso. Las mujeres gemían, babeaban, se arañaban sin querer por la posición, pero no se rendían. Ninguna quería parar. Ninguna iba a ser la que se apartara. En uno de los turnos de Valeria, cuando la chiquilla le tenía bien encajado el rabo en la garganta, se le escapó un leve chorretón de meada. Un reflejo, un descuido de cuerpo viejo y ...