1. Antonio el camionero y el duelo de guarras


    Fecha: 03/02/2026, Categorías: Incesto Autor: AntonioSPA, Fuente: TodoRelatos

    ... estabas por aquí, cariño.
    
    Sonreía con ese aire dulzón y forzado de quien intenta tapar un nerviosismo repentino, como si se hubiera equivocado de casa y no quisiera reconocerlo. Se recolocó las gafas de sol en la cabeza y apretó el bolso contra el pecho, fingiendo naturalidad.
    
    Valeria se apoyó en el marco, cruzando los brazos con calma estudiada. Por fuera, entera. Por dentro, hirviendo.
    
    —Pasé un momento a verle. Ya sabes… Por si necesitaba algo —dijo con una media sonrisa, seca pero educada, como quien señala lo evidente con elegancia afilada.
    
    Silencio. Olivia tragó saliva y la miró con esos ojos claros que tan bien sabían fingir inocencia, pero que a Valeria ya no la engañaban. Sabía que estaba midiendo cada palabra, buscando cómo justificar su presencia allí sin parecer una intrusa. Porque lo era. Por mucho que se pintara los labios de rojo y caminara por allí como si acabara de llegar a su segunda residencia, aquella casa quedaba muy lejos de su hogar conyugal. Y Valeria había llegado antes.
    
    —Pasa al salón, Olivia. Mi padre está en la ducha. Pero… —añadió, bajando apenas el tono, como quien clava una aguja bajo la uña—, imagino que ya conoces el camino.
    
    Olivia forzó una sonrisa, incómoda. No esperaba encontrarla allí. Y menos que le abriera con esas pintas de diosa doméstica, el pelo recogido a lo loco, la camiseta dada de sí y esa actitud de gata que guarda el territorio.
    
    Pero pasó. Porque lo que estaba en juego era demasiado jugoso como para ...
    ... echarse atrás.
    
    —Ehhh… Gracias, cielo. ¿Pero tú no ibas a pilates a estas horas?
    
    —¿Pilates? —Valeria se encogió de hombros—. Hoy he decidido hacer campana. A veces apetece pasar de horarios y ver qué planes también se saltan los demás.
    
    Olivia avanzó hasta el salón y se quedó de pie, incómoda, como un jarrón en casa ajena.
    
    —¿Quieres algo? ¿Un café? —preguntó Valeria, zumbona.
    
    —No, gracias. He venido a ver a tu padre, sólo quería…
    
    —¿A qué? —la interrumpió la chica, con mirada cargada de veneno dulce—. ¿A echar un polvo rápido mientras crees que yo no me entero?
    
    Olivia la miró, sin saber si fingir tomárselo a coña o ponerse seria.
    
    —Mira, Valeria…
    
    Pero en ese momento, Antonio salió del baño y caminó descalzo hasta el salón, con una toalla blanca atada a la cintura, el pecho peludo brillando todavía por el vapor, y la mirada esa suya de tío que ha follado en camiones, gasolineras y hasta en funerales si se tercia.
    
    —¡Coño! ¿Qué pasa aquí?
    
    Olivia giró la cabeza como una colegiala cazada. Valeria, sin embargo, lo miró sin apartar los ojos, con descaro, recorriéndole el torso, los hombros anchos, los brazos curtidos por los años de volante. Y, sobre todo, ese bulto grosero bajo la toalla que a ella ya no le causaba sorpresa… pero sí hambre.
    
    —Sólo estábamos charlando —dijo la recién llegada, casi relamiéndose.
    
    Antonio miró a una y otra. Olivia con cara de “tierra trágame”, pidiéndole disculpas con los ojos por haberse presentado sin avisar y en el peor ...
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