1. Antonio el camionero y el duelo de guarras


    Fecha: 03/02/2026, Categorías: Incesto Autor: AntonioSPA, Fuente: TodoRelatos

    ... pasa? —Olivia se acercó un poco, mirándola con rabia contenida—. Que tú te crees muy lista. Pero no engañas a nadie, Valeria. ¿Te crees que no me he dado cuenta? Cuando estaba con tu padre, a veces… se le escapaba tu nombre. En mitad de un polvo. Incluso mientras dormía la siesta. Susurros, frases raras… Y no sólo eso. ¿Sabes lo que me contó tu hija aquella tarde que me quedé a cuidarla hace un par de semanas? Que su mamá se encierra a veces con el yayo en la habitación. Que escucha… ruidos raros. Y también ha visto como “juegas” con él.
    
    Valeria apretó la mandíbula. La sonrisa se le congeló en los labios.
    
    —¿Y tú te creíste a una cría de seis años?
    
    —¿Y tú crees que soy gilipollas?
    
    Silencio.
    
    Antonio, desde la cocina, apuró la cerveza y tomó otra lata del frigorífico. Su polla latía lenta pero firme bajo la toalla. “Que se peleen”, pensó. “Ya verás tú cómo acaban”.
    
    Valeria se levantó despacio. Se acercó a Olivia hasta quedar a medio palmo de su cara. La miró con descaro. Sin miedo.
    
    —¿Y qué vas a hacer? ¿Ir contándolo por ahí? ¿Decírselo a tu marido? ¿Al mío? ¿A mi hija? Yo también podría contar cosas feas sobre ti.
    
    —No soy yo la que está follándose a su padre —espetó Olivia, bajando la voz pero aumentando su dosis de veneno.
    
    —Al menos yo tengo la decencia de no follarme al tuyo. Quizás eso deberías hacer… y dejar al mío en paz.
    
    El rostro de Olivia osciló entre el desprecio y la excitación. Había algo en la mirada de Valeria que no era sólo ...
    ... provocación: era orgullo. El orgullo salvaje de saberse la favorita.
    
    —Estás enferma —musitó Olivia.
    
    —¿Sí? Pues tú también. Porque sigues viniendo. Porque sabes lo que hay. Y aun así te bajas las bragas en cuanto oyes que él se baja la cremallera.
    
    A Olivia se le quedó la boca entreabierta, como si aquellas palabras le hubieran dado una bofetada. No dijo nada. No podía. Porque era verdad. Una verdad sucia, incómoda, que le ardía por dentro.
    
    Y aun así, lo que Valeria no sabía… lo que nunca debía saber… era lo otro. Lo que de verdad la haría vomitar de asco o de envidia, o quizá de las dos cosas. Si ya la consideraba una puta por follarse a su padre a escondidas, siéndole infiel al pan sin sal de su marido, la lapidaría si supiera hasta dónde había llegado. No sólo cómo Antonio la había usado —como una muñeca, como un agujero agradecido y obediente—, sino cómo la había ofrecido a otros, como quien lanza un pedazo de carne a los leones. Taberneros, moteros, mecánicos… Y, por supuesto, a otros camioneros colegas suyos, hombres sudorosos con las manos llenas de grasa y la polla dura de estar una semana fuera de casa.
    
    Y ella… ella había dicho que sí. A todo. Por él. Por el cabrón de Antonio.
    
    En ese momento, el responsable de aquel enfrentamiento se acercó hacia ellas, con la toalla ya a medio caer y una lata de cerveza en la mano. Miró la escena. A Olivia, tensa, con los labios apretados y los ojos cargados de lágrimas que no llegaban a caer, flotándole en el borde como dos ...
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