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Con el joven dueño de la pescadería
Fecha: 05/02/2026, Categorías: Infidelidad Autor: insaciable, Fuente: CuentoRelatos
Cuando volvía la vista atrás, recordaba lo feliz que había sido en mi matrimonio, y no podía decirse que ahora tampoco lo fuera, porque a mis 44 años y los 52 de mi marido, nos llevábamos estupendamente y disfrutábamos de la vida, prácticamente de todo, salvo del sexo. No comprendía lo que me decían mis amigas, que sus maridos, a pesar de la edad, les seguían haciendo el amor, aunque no tan intensamente. Sin embargo, el mío se había quedado “para el arrastre”, prácticamente, una vez al mes y poco más daba, y eso, sin demasiados miramientos. Intentaba compensarme con las manos y la boca, me daba unos buenos masajes de tetas y unas buenas mamadas de clítoris y vagina, pero yo echaba en falta lo de años anteriores, lo recordaba, las cogidas que me daba mi marido. Mi marido hasta no hacía demasiado podía considerarse como un amante excepcional. Recordaba que solíamos hacer el amor casi a diario, y como a él le gustaba masturbarse entre mis grandes pechos. Físicamente, podía decirse que no había perdido bastante de mi belleza, ya que había tenido cuatro hijos y mi cuerpo lo había notado, pero podía considerarme afortunada, era poco alta, mis pechos voluminosos y todavía duros, un grueso culo y las piernas bien torneadas, a veces incluso me piropeaban y más de uno me propuso culearme. Solía madrugar para ir a la plaza y poder comprar sin multitudes, y sobre todo elegir el pescado sin problemas. La pescadería era regentada por un matrimonio joven, aunque casi siempre ...
... a las horas que yo iba sólo estaba el marido, un joven de unos 25 años que no hacía más que decirme piropos e insinuaciones, lo guapa que era, lo atractiva y sensual que era, lo bien que mi marido lo debía de pasar con una mujer así a la hora de hacerme el amor. Él se imaginaba como lo hacía, pero pensaba que eran las típicas bromas de los jóvenes, sin embargo, a veces, pensaba en él, me excitaban sus halagos, a veces cuando me masturbaba soñaba que aquel joven me cogía sin descanso, haciéndome olvidar los años de desidia, todo esto me llevaba a andar cada día más excitada. Coincidió que un fin de semana contaba con invitados a comer, y decidí preparar un pescado especial para la ocasión, así que se lo encargué a José, el pescadero; este me mandó recogerlo el viernes por la tarde, a última hora, cuando él fuera a cerrar, me extrañó la hora en que me mandaba ir a recoger, pero supuse que sería para conservarlo más fresco en la cámara frigorífica, aunque deseaba que estuviera solo para que me pudiera culear, yo deseaba que me metiera su verga en mi vagina y me hiciera sentir mujer. Mi marido tenía ya varias semanas que no me cogía ni me acariciaba a pesar de que yo me ponía hilo dental para que me viera y se le parara su verga, estaba deseosa de culear. El viernes, tal como había quedado, sobre las ocho me presenté sola en la pescadería, tenía puesto un vestido con la falda muy holgada y me puse una tanga hilo dental que apenas me tapaba la parte delantera con su ...