1. Con el joven dueño de la pescadería


    Fecha: 05/02/2026, Categorías: Infidelidad Autor: insaciable, Fuente: CuentoRelatos

    ... pequeño triángulo y dejando libre mis hermosas nalgas para ser acariciadas, él estaba sólo, y me dijo que iba a cerrar y saldríamos por la puerta trasera y cogeríamos el pescado de la cámara.
    
    Entró en la cámara frigorífica y me entregó una bolsa con las cosas, como era bastante grande, yo tuve que emplear las dos manos. Nos dirigimos hacia la trastienda, yo delante, con las manos ocupadas… Cuando de repente noté las manos de José cogiéndome la cintura y apretándose contra mi culo mientras me rozaba el cuello con los labios, al tiempo que restregaba su “paquete” sobre mi culo. Me quedé paralizada, sin reaccionar, entonces él subió una de las manos hasta mis pechos y lo masajeó y acarició haciendo que mis pezones reaccionaran a las caricias…
    
    No podía soltar la bolsa, pero me giré y me quedé mirándolo turbada. Él aprovechó mi reacción para acercar su boca a mis labios y besarme apasionadamente. Estaba aturdida. Por mi mente pasaban los piropos que él me decía todos los días. Los sueños en los que lo veía. Dejé la bolsa encima de una mesa y lo empujé.
    
    “¡Estás loco!… ¿qué te pasa? ¿no sabes que soy una mujer casada y tú también lo estás?”.
    
    “Si… Lo sé, pero me gustas… Siempre me has gustado a pesar de tu edad, tus hermosas tetas, tu culo, tus piernas, me atraes toda… Te deseo tanto, eres muy hermosa. Me excitas. Mira como estoy…”.
    
    Al tiempo que se bajaba los pantalones y los calzoncillos mostrando una enorme verga, dura. Nunca había visto nada igual, conocía la de ...
    ... mi marido y otras que me habían cogido, pero aquello me dejó helada, gorda, larga, con una enorme bellota morada en la punta. No podía apartar la vista de ella…deseaba tenerla metida toda en mi vagina.
    
    “Estás loco… Vístete…”.
    
    “Por favor, por favor, te deseo tanto, déjame culearte. Estamos solos, nadie lo sabrá… Déjame…”.
    
    Mientras se iba acercando hacia mí y yo me iba apartando hasta quedar arrinconada en una esquina, viendo como él se aproximaba, como aquella enorme verga rozaba ahora mi vagina. No podía evitar mirarla… Le dije:
    
    “Te la acaricio un poco y basta… ¿Vale?”.
    
    Tenía ganas de tocarla. De sentirla en mis manos. Nada más cogerla en mis manos noté como la verga palpitaba y como yo me sentía mojada, húmeda. Hacía tanto tiempo que no me encontraba tan excitada. Empecé a mover la mano suavemente observando el morado capullo, me gustaba sentir la sensación de aquella enorme verga en mi mano, caliente, como crecía mientras yo la masturbaba lentamente. Estaba tan caliente, tan mojada, tan excitada que no protesté cuando José aproximó su boca.
    
    Yo misma acepté la lengua que recorría mi paladar, que jugueteaba con la mía. Apuré los movimientos sobre la verga. Acepté la caricia en mis pechos, sobre el vestido, y no protesté cuando me lo desabrochó y me sacó el sujetador para dejarlos libres, los pezones estaban erguidos, duros. Me los pellizcó y apretó, igual que las tetas que fueron acariciadas y apretujadas. Estaba sintiendo tanto placer… Mi mano oscilaba sobre ...
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