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Espiando a mi vecina
Fecha: 06/02/2026, Categorías: Voyerismo Autor: mc70, Fuente: CuentoRelatos
Aquella noche no podía dormir. La verdad es que ni siquiera le daba la más mínima oportunidad al sueño para que hiciera mella en mí. La noche era bastante calurosa, y la sola idea de abandonar la terraza para meterme en el dormitorio la hacía aún más. Así que seguía allí, devorando inexorablemente cada minuto de la noche y acercándome cada vez más a un nuevo día. Siempre me ha gustado la imagen multicolor de una ciudad cuando la luz del sol deja de iluminarlo todo y son otras luces, las de las bombillas, las que se encargan de ello. Especialmente me han llamado la atención aquellas ventanas abiertas, que te permiten formar parte de ellas desde la distancia. Sin embargo, esa noche me había fijado repetidas veces en una que llevaba encendida bastante tiempo, pero por delante de la cual no acertaba a pasar nadie. Quizá eso me llamara la atención y me hiciera estar más atento que al resto de las luces, porque realmente el trozo de estancia que dejaba ver no era especialmente grande, ni era especialmente llamativo por nada. Eso o quizás la casualidad o el destino… ¡maravilloso destino! Al cabo de un rato, ante mis ojos y por aquel hueco iluminado apareció la silueta de una mujer que, a simple vista y a pesar de la distancia, se me antojó muy atractiva, más influido quizá por la suavidad de sus movimientos y por cierta aura de sensualidad que la envolvía. Se movía por una habitación que parecía ser la cocina, aunque solo tenía a la vista el hueco que dejaba una puerta ...
... abierta y era más reconocible por el lavadero que la precedía, que por la propia habitación. Una cortina tapaba un gran ventanal junto a esa puerta. La segunda vez que cruzó por delante de la puerta, la luz era más directa sobre ella y me hizo correr a la habitación donde guardo los prismáticos, puesto que me pareció ver que estaba en ropa interior. Es normal que en noches tan calurosas la forma más cómoda de estar en casa sea inversamente proporcional a la cantidad de ropa que se lleva puesta, y además no es extraño conjugar este hecho con tener las ventanas abiertas. Digo esto porque no fue en sí el hecho de que estuviera en ropa interior lo que me llevó a buscar los prismáticos, sino poder ver de cerca el erotismo que esa mujer parecía derrochar. Estaba tan impaciente por comprobar si era tan hermosa como parecía, que esa misma impaciencia me hizo ser imprudente, ya que cuando regresaba no tuve la precaución de apagar la luz, con lo cual era tan visible para ella como lo había sido ella para mí. Y así pareció ser, porque cuando pudo enfocarla a través de mis lentes, no sé si la casualidad o el reflejo de alguna luz en los cristales, hizo que sus ojos se cruzaran con los míos. Como no quiero faltar a la verdad, no fue precisamente en sus ojos en los primero que reparé. Toda la sensualidad que parecía tener se elevó a la enésima potencia cuando la pude contemplar de cerca. Derrochaba erotismo y sensualidad por todos los poros de su piel. Llevaba puesta la ...