1. Espiando a mi vecina


    Fecha: 06/02/2026, Categorías: Voyerismo Autor: mc70, Fuente: CuentoRelatos

    ... ropa interior más sexy que yo había visto nunca y parecía estar hecha para ella. El sujetador no le cubría el pecho, tan solo se limitaba a acariciarlo desde abajo, como si dos suaves manos los sujetaran desde la base para resaltar aún más su esplendor, dejando a mi vista unos pezones grandes y perfectamente dibujados que invitaban a todo. Las braguitas tampoco eran excesivamente grandes y parecía que tan solo se mantenían pegadas al cuerpo por dos delgadas cintas negras que parecían anudarse a cada lado, mientras que por detrás dejaban perfectamente a la vista dos rotundos glúteos desnudos.
    
    En ese momento mi corazón, que instantes antes galopaba como un caballo desbocado, se paralizó cuando sus ojos se cruzaron con los míos, y a pesar de la distancia que nos separaba, reconocí que había descubierto mi presencia. En un solo segundo me quedé helado y sentí un calor abrasador. Aquel maravilloso espectáculo estaba a punto de desaparecer por mi imprudencia.
    
    Sin dejar de mirar en mi dirección se acercó a la ventana, pero ante mi atónita mirada, en lugar de cerrar la puerta que me permitía contemplarla, se acercó a la ventana, la abrió de par en par y descorrió la cortina que cubría el enorme ventanal.
    
    Ante mis ojos apareció, entonces, toda la cocina, desde un extremo al otro, quedando ante mis ojos todos los movimientos que realizaba por la estancia, y pude comprobar la belleza de su cuerpo en movimiento. Ella siguió atareada, imagino que recogiendo la cocina, sin dejar ...
    ... de dirigirme de vez en cuando alguna mirada.
    
    Debía tener calor porque agitaba sus manos como queriendo hacerse aire con ellas. En ese momento abrió el grifo, llenó sus pequeñas manos con agua y, muy despacio, fue humedeciéndose la nuca, el cuello, hasta bajar hasta el pecho, donde las palmas de sus manos acariciaban sus pezones de tal manera que estos parecían querer saltar de su piel de erectos que estaban. Ella seguía acariciándoselos con agua, pellizcándoselos entre los dedos, mientras el agua iba deslizándose por su vientre.
    
    Se dirigió entonces a la puerta de la habitación, la cerró, dejando ante mi vista un perfecto escaparate blanco, sobre el que su piel y su ropa interior resaltaba como una montaña en el horizonte. Abrió el frigorífico y, al momento, sacó una cubitera de hielo que yo habría derretido con tan solo tocarla. Cogió un cubito de hielo en cada mano, y comenzó a chuparlo muy despacio, dejando que las gotas resbalaran por su barbilla y por su cuello. Después siguió haciéndose caricias frías por los hombros y por sus pechos, hasta rodear sus pezones, haciendo círculos concéntricos hasta aplastarlos con el hielo. Yo me imaginaba chupando y mordiendo esos pezones duros y fríos.
    
    Su cuerpo se movía sinuosamente sobre la pared de azulejos blancos. No paraba de rozarse ni de mover las piernas como queriendo contraer los muslos. Me imaginaba su clítoris saltando entre sus piernas, como llamándola a gritos.
    
    Ella pareció oír esa llamada, porque sus manos se ...