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En una inolvidable historia
Fecha: 07/02/2026, Categorías: Dominación / BDSM Incesto Intercambios Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30
Un día, caminando por un sendero desconocido entre arbustos y raíces, vio algo extraño: manchas de sangre en las piedras. Las siguió, incapaz de detenerse, como si algo en ese rastro le hablara. Al final del camino, lo encontró a él: Iván, el capitán del equipo de béisbol. Estaba tirado entre las raíces, herido. Un tajo en el cuello. Corrió a ayudarlo, improvisó un torniquete con su camisa. Iván lo reconoció. —Iba a tu casa —dijo, con voz débil—. Por tu hermano… y mi mamá. Los vi juntos. No era un error. Pero mi papá… él no lo soportaría. Quiso entender, pero era demasiado. Iván explicó: alguien lo había golpeado antes de que llegara. No vio quién fue, solo supo que no querían que hablara. Dijo que no creía que fuera el hermano, pero sí alguien que protegía algo. Entonces recordó una imagen: su hermano, esa tarde, en casa. Llevaba un abrigo que no era suyo. Tenía una mancha roja. Lo escondió rápido. No fue un ataque al azar. Fue un mensaje. Esa noche, en la sala, el silencio era denso. Iván, con el cuello vendado, miraba a los demás: su madre, la madre de Iván, Mateo de pie junto a la puerta. —Solo quiero la verdad —dijo Iván. Mateo bajó la cabeza. —No quería hacerte daño. Ibas a armar un escándalo. Solo quería detenerte, que entendieras después. Te golpeé con una rama. Me equivoqué. —¿Entonces era cierto? —preguntó doña Helena. Mateo asintió. —No fue una aventura. Fue consuelo. Éramos dos personas heridas, eso fue todo. Nadie ...
... habló. Pero algo en ese silencio empezó a ceder. Él, que siempre se sintió invisible, los miró a todos. Y entendió que la verdad no cae como un rayo: se abre paso como un camino de sangre. Y todos, tarde o temprano, tienen que recorrerlo. Simón cargó a Iván como pudo, con el pulso acelerado y las piernas temblorosas. Logró sacarlo del bosque hasta un camino vecinal donde pidió ayuda. Una pareja de campesinos lo subió en su camioneta y lo acompañó hasta la casa de Simón. No era lejos, pero el trayecto se sintió eterno. En casa, la madre de Simón abrió la puerta con el corazón en la garganta al ver la sangre. Mientras corría por gasas y agua caliente, él llamó a Mateo. No dio muchas explicaciones, solo dijo: “Ven. Es urgente.”. Doña Helena salió con él, confirmando las sospechas de Iván y generando cuestionamientos en Simón, su madre, sabía del amorío de Mateo y Helena Iván, acostado en el sofá, se mantenía consciente, pero débil. Su herida, aunque no letal, exigía reposo. Cuando llegó Mateo, lo hizo acompañado de ambas madres: la suya, doña Helena, rígida y silenciosa; y la madre de Simón, Clara, con el rostro demacrado. Nadie se atrevía a decir lo que ya sospechaban. Entonces, el silencio en la sala se volvió casi insoportable. Iván, con el cuello vendado y una manta hasta la cintura, miró a cada uno con ojos cansados pero firmes. —Solo quiero la verdad —dijo Iván, sin apartar la mirada de Mateo. Este bajó la cabeza. —No iba a hacerte daño. Pero venías ...