-
En una inolvidable historia
Fecha: 07/02/2026, Categorías: Dominación / BDSM Incesto Intercambios Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30
... gritando, como si supieras todo, como si ya no hubiera nada que salvar. Solo quise frenarte. Pensé que si lo entendías después, con calma, sería diferente. Te golpeé con una rama. Me equivoqué. El silencio fue un golpe seco en la sala. Doña Helena, erguida hasta entonces, lo rompió con una voz temblorosa, dirigida a su hijo. —Iván… no era algo que planeamos. Ni algo que buscáramos. Yo me sentía vacía desde hace años. Tu padre dejó de verme, de hablarme como antes. Todo era rutina, juicios, amenazas… Y con Mateo… —volteó a mirarlo, sin timidez ni vergüenza— fue distinto. Nos encontramos en medio del desgaste, en medio del cansancio. Y nos vimos. Solo eso: nos vimos. Iván no respondía. Su mandíbula temblaba, no se sabía si de rabia, dolor o confusión. Clara, sentada junto a la ventana, habló con suavidad. —A veces el consuelo llega disfrazado de error. Pero eso no lo hace menos verdadero. —Yo no quise que te enteraras así —dijo Mateo, mirándolo con sinceridad—. No quería verte herido. Solo quise protegerla. A ella. A ti también. Simón entrecerró los ojos. Por primera vez, notó que no había héroes ni villanos allí. Solo personas intentando no romperse del todo. —Tú no sabías todo, Iván —dijo con voz queda—. A veces creemos que lo vemos claro desde fuera, pero no conocemos el peso que otros cargan. Doña Helena asintió, conteniendo lágrimas. —Perdón si lo oculté. Pero me daba más miedo el daño que podía hacer la verdad que el que podía hacer el ...
... silencio. Iván los miró uno a uno. A Mateo, a su madre, a Clara, a Simón. Todos lucían frágiles, cansados, pero también humanos. No supo cuándo dejó de odiarlos. Tal vez aún no lo hacía del todo. Pero algo se había aflojado dentro de él. —No sabía por lo que estabas pasando —dijo, dirigiéndose a su madre con voz rasposa—. Creí que lo sabía todo, pero no. Perdón, mamá. Doña Helena lo abrazó sin palabras. Él no se resistió. La sala quedó en silencio de nuevo. Pero esta vez no era una pausa tensa, sino algo más parecido a un respiro. No todo estaba resuelto, pero habían dejado de fingir que no estaban rotos. Mateo se sirvió una copa de whiskey y luego miró a su familia, que aguardaban entre suspiros y humo de cigarro. Pero su tono fue distinto. —Fue en diciembre pasado. No me miren así, no era una fantasía, ni una cuenta pendiente con el ego. Fue… un incendio suave. La conocí en una exposición que tuvimos que hacer juntos en el trabajo —de repente estábamos conversando sobre lo que nos gustaba. Ella sonrió con una de esas sonrisas que no necesitan explicaciones. Esa noche fuimos a un bar y luego no hubo rodeos, ni promesas, ni estrategias. Solo el deseo desnudo de dos cuerpos que sabían exactamente qué querían. Una pausa. Mateo la mira de reojo. Helena está allí, en un sillón del rincón, aún con lágrimas, piernas cruzadas. No lo interrumpe. Lo deja hablar. —Pero lo que comenzó en una cama se quedó fuera del calendario. Había algo en ella… no era solo la ...