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En una inolvidable historia
Fecha: 07/02/2026, Categorías: Dominación / BDSM Incesto Intercambios Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30
... piel, ni la forma en que me decía qué hacer sin decirlo. Era su risa. El modo en que no temía el silencio. Yo iba por sexo. Me quedé por la manera en que me decía “ven” cuando no me necesitaba, pero igual quería que estuviera. Todos están en silencio ahora. No por pudor, sino por ese tipo de respeto que se da cuando uno reconoce que la historia es más que palabras. —No hubo promesas, ni etiquetas. Solo tardes largas, y esa forma suya de desarmarme con una frase que no tenía nada que ver con el amor… pero que era amor. Y aquí estamos —dijo, con una sonrisa que se le escapó sin permiso—. Yo contándoles esto. Ella escuchando. Y ninguno de los dos huyendo. Mateo giró la copa lentamente sobre la mesa. Su voz bajó un tono, no por pudor, sino por respeto a lo que iba a decir. —No todo fue tan simple como sexo y conversación. Helena… propuso un juego. Y cuando digo juego, no me refiero a ligaduras o antifaces, aunque también hubo de eso. Ella quería algo más arriesgado. Algo que la desarmara. Me miró un día, después de hacer el amor, y me dijo: “Nunca he sido sumisa. Nunca me lo he permitido. Quiero intentarlo. Contigo.” Iván intercambio sendas miradas entre su madre y Mateo, con escepticismo, Simón por su parte prestaba atenta atención de quien está escuchando algo que no se atrevería a vivir. —Me lo dijo con los ojos firmes, sin rastro de broma. Me dio límites claros, palabras de seguridad, reglas. Todo fue muy preciso. Pero dentro de esas ...
... paredes… Ella era mía. No como se dice en canciones baratas. No. Era mía porque ella lo eligió. Porque confiaba. Porque se rendía a mí sin perderse. Helena sonrió desde el rincón. No una sonrisa de orgullo ni de nostalgia, sino de alguien que ha vivido lo que otros solo imaginan. —Y fuera de casa, era la misma de siempre. Fuerte, elegante, libre. La mujer que podía dar órdenes con una ceja y cerrar acuerdos con una mirada. Eso me excitaba más que cualquier otra cosa. Saber que el mundo la admiraba de pie… y que solo conmigo se arrodillaba. Clara rompió el silencio con un leve “wow”, pero Mateo no se distrajo. Aún estaba allí, en ese recuerdo que tenía la textura del cuero y la calidez de la piel desnuda. —Lo curioso fue lo que el juego reveló. Pensábamos que se trataba de sexo, de roles, de experimentar. Pero era otra cosa. Era amor disfrazado de juego. Era confianza llevada al extremo. Y a veces, cuando la miro ahora —dijo volviendo la vista hacia Helena, que sostenía la mirada sin pestañear—, sé que no hubo nada más valiente que eso. —»Acércate», le dijo. Mateo bajó la vista por un momento, como si el recuerdo aún le quemara en la lengua. Luego volvió a alzar la mirada, fija, clara. Y ella sonrió. No dudó. Ni un instante. Estaban con su familia, algo muy íntimo, pero nada preparado. Su hijo la miraba, incrédulo, las luces cálidas del día se filtraban por las ventanas. Pero sus ojos habían estado ardiendo desde antes. Sabía que el juego podía volver a empezar en ...