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En una inolvidable historia
Fecha: 07/02/2026, Categorías: Dominación / BDSM Incesto Intercambios Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30
... una delicadeza reverencial. Como si lo que se exponía no fuera solo piel, sino una verdad profunda, secreta, sagrada. Helena suspiró, un sonido que no era de pudor ni de vergüenza, sino de confianza absoluta. Como si dijera: hazlo, porque sé que sabrás cómo. Mateo no tenía prisa. Nunca la tenía con ella. En esa entrega había algo más que deseo. Había una forma de amor que no se decía, que no cabía en palabras. Su lengua seguía adentrándose en su ya dilatadísimo agujero. Explorando ese lugar íntimo con un cuidado casi religioso. Y ella… Ella se abandonó. No como quien pierde el control, sino como quien elige caer, sabiendo que será sostenida. Cada movimiento, cada gesto, tejía un hilo invisible entre ellos. No era lujuria. Era pertenencia. Y cuando finalmente Helena levantó la mirada, con los ojos brillantes y la respiración entrecortada, busco el rostro su hijo entre los demás. Lo miró largo. —Nunca me han amado así —dijo. Y no hacía falta que dijera más. Porque Iván lo entendía. Porque él también estaba tocado. No por el cuerpo, sino por algo mucho más profundo: el poder de haber sido elegido para conocerla así. La voz de Mateo fue suave, casi un susurro. —Sé una buena chica… y ayuda a Iván. Helena no respondió con palabras. Con obediencia ciega, gateó hacia su hijo, con movimientos felinos. El cabello se deslizaba por su espalda como una cortina de noche. No había urgencia. Solo intención. Cada paso, cada desplazamiento sobre ...
... sus rodillas era parte de un lenguaje mudo, cargado de significado. El suelo parecía templado bajo sus palmas. El silencio de la habitación era tan denso que se podía oír su respiración… y la de Iván, que la miraba como si no supiera si debía quedarse o huir. Mateo se quedó inmóvil, observando. No con celos. Con una calma densa, contenida. Aquello no era traición. Era juego. Y el juego seguía siendo suyo. Helena se detuvo frente a Iván. Alzó la mirada. —Solo si tú quieres —dijo, con voz baja, firme. Y en ese momento, la escena no fue sobre dominación ni placer. Fue sobre consentimiento. Sobre lo que cada uno estaba dispuesto a dar… y a recibir. Iván tragó saliva. No dijo nada. Pero sus manos temblaban levemente al rozar sus propias rodillas. Helena esperó. Cuando él asintió —ligeramente, casi sin darse cuenta—, ella llevó las manos a su cintura. Con movimientos suaves, bajó su pantalón. Nada brusco. Nada torpe. Lo hizo como quien desenvuelve un objeto delicado, sabiendo que su gesto es parte del significado. Y entonces lo vio. El pene de Iván estaba ahí, expuesto por primera vez ante ella. No fue un vistazo rápido ni un juicio automático. Lo admiró. Pero no como se admira una escultura o un trofeo. Lo hizo como se observa algo profundamente humano: con atención, con respeto, y con esa pizca de asombro que solo ocurre cuando se accede a algo íntimo, que no se entrega a cualquiera. No pensó en su tamaño, ni en proporciones, ni en comparaciones ...