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Chocolate con colágeno
Fecha: 07/02/2026, Categorías: Infidelidad Intercambios Autor: Tita, Fuente: SexoSinTabues30
... no se acordaba de las mamadas que le dio el negro, estaba dormido, o fuera de la conciencia por la marihuana. Él, al igual que yo, sólo se acordaba de pocas cosas. Cuando Rogelio despertó, me besó el pecho, luego en la boca. Él aún traía sabor a semen de Moisés y una mediana erección en la verga. Se acomodó para penetrarme y yo abrí las piernas para enredar su cintura. “¡Cógeme, mi amorcito, vente en mí!”, le dije y de inmediato se encendió. “¡Te amo, mi mujer!”, gritó al descargarse y se salió para quedar acostado reponiéndose con resoplidos para tomar aire. Como me quedé a punto del orgasmo y con las piernas abiertas grité “¡Ven Moisés, te necesito!” El negro aún no se reponía, pero me chupó la pepa para cumplir mi deseo y ¡vaya que lo hizo muy bien! Su cara quedó llena de mis jugos y la venida de Rogelio. Se incorporó ya con una erección mediana, pero ya no era necesario… Al poco tiempo sí me dio lo poco que le quedaba. Vi mi teléfono y había dos mensajes de Saúl de la noche anterior. El primero sólo decía “¡Puta!”, el segundo estaba acompañado de una foto con la verga en su mano, escurriendo semen. No es mucho, pero tu foto con los machos ocupados en ti me lo sacaron. Veía los mensajes cuando llegó otro. “Aunque me desleché rico ayer, me pasé la noche deseándote. Ya estoy listo para recibirte” y la foto con la verga en todo su esplendor. No hubo más que decir, le pedí a Moisés que me tomara una foto con mi celular, acostada con las piernas abiertas y abrí ...
... los labios de mi panocha para que se notara el escurrimiento y lo mojada por el uso y como texto “Ya voy para allá, te llevo atole en la papaya para que pruebes”. Les dije que agradecía el buen trato, pero que me urgía llegar a mi casa. Me vestí, el negro también, pero Rogelio ya había encendido un carrujo más y tenía una mirada turbia. –Adiós, mi amor, Moisés me llevará a casa –le dije a mi colágeno al tomar mi mochila y le quité el cigarro de la mano. –Bueno, vámonos –dijo turbado por lo improviso de la situación y nos fuimos a su auto. Abrí la puerta de la cochera para que saliera Moisés. Rogelio nos veía con la mirada perdida y antes de cerrar la puerta le dije adiós, señal que no contestó y me subí al auto. –¡¿Vas a seguir fumando eso?! –me espetó airadamente el negro. –Sólo se me antojó un poco, ahorita lo tiro –le dije y me puse a darle unas cuantas fumadas antes de tirarlo. Cuando llegamos a la casa, Saúl estaba esperándonos en la puerta. –Con cuidado –dijo Moisés a Saúl–, le acaba de dar las tres a la yerba. –Gracias, amigo, espero que se hayan divertido mucho –le dijo mi esposo al negro y nos metimos los dos a la casa. –Ya vine, y me vine muy bien… –le dije a Saúl tropezando mis palabras. De inmediato me llevó a la recámara y antes de tirarme a la cama me encueró. Me abrió las piernas y se puso a chupar los pelos de mi cuca después de decir “¡Quiero mi atole, puta mariguana!”. Imagínense lo demás porque yo no lo recuerdo muy bien…