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Las vecinas se abren para mí
Fecha: 08/02/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Javítelaví, Fuente: CuentoRelatos
Verán, me llamo Enrique (Quique para los amigos) y tengo 32 años. Quiero mucho a mi esposa (guapa, inteligente, mi media naranja) y funcionamos muy bien en la cama. Desde hace unos meses se instalaron abajo dos chicas: una rubia y otra morena escandalosamente buenas, son de esas mujeres que incluso vestidas hacen que tu picha se levante. Ambas son altas y preciosas, no por algo trabajan como modelos. Patricia es la rubia (aunque teñida, se nota por sus cejas oscuras y por las raíces igualmente oscuras, pero da igual, le queda de cine), de melena larga y lisa. Su acento canario me vuelve loco. Tiene una carita angelical, con esos ojazos azules que a veces miran pícaros y a veces como corderitos y una cara perfecta, con el punto de su piercing debajo del labio. Y si la cara es una locura, su cuerpo no le va a la zaga: piernas largas, vientre liso, tipazo, pechos en su justísima medida. La pena es que viste demasiado recatada, aunque siempre con estilo. Cristina es la morena y está más rellenita que Patricia, más delgada. Ojo, eso no quiere decir que no tenga otro tipazo. Es morena de piel, tiene una melena leonina, muy rizada, que a veces se lo junta en un moño y deja ver un apetecible y sensual cuello. Ojos color miel y unos labios carnosos hacen de ella una mujer muy lasciva, aunque la dulzura y candidez cuando habla hace que rebaje esa imagen de mujer fatal. Cristina viste más sexy y luce unos escotes bastante considerables, aunque eso es mérito a sus pechos, no a las ...
... camisetas, que tampoco son tan atrevidas. Pero es que ese par de lolas se escapan de cualquier sitio. Me gusta mucho también su culo, siempre apretado en ceñidos pantalones. Me cuesta mucho fingir delante de mi esposa que las miro con indiferencia. Por suerte ella se lleva bien con las vecinas y no me reprocha nada. Ambas son muy educadas y ni por asomo he podido ver un pechito de más o un poquito de ropa interior. Luego no sé si tendrán pareja, pero si la tienen lo llevan con mucho disimulo. Por suerte son muy niñeras y mi chico pequeño llamó su atención y en seguida se hizo amigo de esas dos bellezas, encantadas con Kiko. A través de él pasamos a algo más que los típicos saludos de rigor. Muchas veces mi mujer y yo nos vamos y le dejamos con ellas. El caso es que llegó el verano y yo dejé de tener que ir tanto a trabajar, no así mi mujer. Un día el niño se encaprichó con la piscina de la azotea y mis dos monumentos nos acompañaron. Buf, Patricia con un bikini gris plateado, de cordel por la espalda y Cristina con uno negro. Bastante discretos, pero que en sus cuerpos eran una maravilla. Al principio nos bañamos todos y jugamos un poco con el crío. Ya para entonces la mayoría de los vecinos se habían ido de vacaciones y los que quedaban eran los viejos, que no se acercaban a la piscina, por lo que estábamos solos. Luego ellas se fueron a tomar el sol. A Kiko le causó curiosidad ver cómo se echaban cosas en la piel y se fue para allá. Yo detrás, con los ojos fuera ...