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Las vecinas se abren para mí
Fecha: 08/02/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Javítelaví, Fuente: CuentoRelatos
... de mis órbitas. Nos pidieron echarlas el bronceador por la espalda y yo hice de maestro con mi hijo. Me fui con Patricia y le desaté el nudo por detrás. Su majestuosa espalda estaba desnuda para mí… Mi cosa no aguantó más y se puso dura como una estaca. Mi bañador parecía una tienda de campaña. Me acerqué también a Cristina y le desabroché su sujetador. Otra espalda desnuda… Luego le fui guiando a Kiko. Echar crema en las manos y extenderla en la espalda. ¡Qué piel más suave y tersa! Luego las piernas… Yo pinocho total. Luego fui a enmendar el destrozo de mi hijo sobre Cristina y también comprobé que su piel no dejaba nada que desear con la de Patricia. Después nos tumbamos nosotros, pero eso sí, a la sombra. Kiko se quedó dormido y yo traté de quitarme de la cabeza esas espaldas y esas piernas, pero pasaba el tiempo y no podía y tenía que tumbarme boca abajo. Al final decidí irme al agua y traté de calmarme con bruscos movimientos submarinos. Mi hijo se despertó por desgracia y al poco le tenía con los manguitos lanzándose al agua con estrépito. Patricia y Cristina se incorporaron con las manos sujetando sus sujetadores, qué erótica visión intuir sus bustos y ver sus hombros desnudos… Mi pene casi explotó al ver cómo Patricia, de perfil, le abrochó el sostén a Cristina. Vi un pecho de refilón, un pezón sonrosado… Luego Cristina le anudó el de Patricia y vinieron al agua. Yo trataba por todos los medios de que no me rozaran y creo que lo conseguí, así como pasar ...
... desapercibido al salir, pues fui el primero y traté de taparme. Por la noche, mi mujer pagó tanta tensión reprimida. Eso sí, ella no es tonta y sabía lo de la piscina. Me dejó sin respuesta cuando me comentó lo bien que me había sentado la jornada de piscina. No sé si era porque aún continuaba la calentura, pero me dijo que si le iba a plantar una cornamenta quería que se lo contara, que lo que no aguantaría sería quedarse con la cara de gilipollas. Yo le soltaba el típico discurso de “yo te quiero mucho”, etc., pero ella no lo aceptó y siguió en sus trece. “Júrame que me lo dices el mismo día”. Entonces le dije con sinceridad que no tenía ninguna posibilidad, que yo era míster normalidad y ellas ni se fijaban en mí más allá de ser el padre de Kiko. Ella me dijo que yo era tonto. Ellas estaban aburridas y hartas de que los hombres no se acercaran a ellas al verlas como. Le habían dicho que hacía mucho no tenían una buena jornada de sexo e incluso habían hablado de mí y mi propia mujer me había alabado como amante… No le respondí nada, pero hicimos de nuevo el amor, con más fogosidad si cabe que antes. Ahora cada vez que las veía me entraba una erección sólo con pensar en que podía tirármelas. Pero yo no me atrevía y ellas no insinuaban nada, así que todo seguía igual. Hasta que una semana ambos teníamos que salir fuera y le dejamos al niño con ellas. Yo vendría al día siguiente por la tarde y mi esposa tardaría un día más en llegar. Cuando yo lo hice, Kiko se empeñó en ...