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Capítulo 5 - Las huellas que no se borran
Fecha: 11/02/2026, Categorías: Lesbianas Autor: Pagina y Silencio, Fuente: TodoRelatos
... nombre no paraba de rondarle la cabeza como una pulsada persistente, como una nota sostenida demasiado tiempo. —¿Qué es lo que tienes? —murmuró para sí misma. No era el parecido con Marcela. Si bien esos ojos la descolocaron, lo supo desde el primer instante. La dulzura estaba ahí, sí. La fuerza también. Pero había algo más. Algo que la perturbaba desde dentro. Una voz muda que no podía ignorar. Un eco, como si esa chica no fuera una desconocida en absoluto. Y entonces lo recordó. Ocho años atrás. Una final panamericana. El coliseo repleto. Las luces altas cegaban por momentos. Emily apenas tenía dieciocho años, aún con el uniforme de la federación recién estrenado. A su lado, Marcela, riendo antes de ponerse la careta. —Tienes una fan muy linda —dijo ella, entre risas—. La niñita del uniforme azul. No te quita los ojos de encima desde que vino. Emily la había buscado con la mirada. En la tercera fila, justo al centro, una adolescente de trenza apretada la observaba con una intensidad casi solemne. Tenía unos ojos enormes, reverentes, como quien ve un mito en movimiento. No reaccionó de inmediato. Solo se sintió incómoda. Marcela, en cambio, soltó una risita de celos fingidos. —Oye, que ni a mí me miras así, ¿eh? Emily se rió también. Le dio un leve codazo. —Cállate, tonta. —Ya vas a ver —siguió Marcela, con picardía—. Esa niña va a estar en todos los torneos. ¿No la viste? Está tomando notas. Como si fueras una clase magistral. ...
... ¡Qué seria! Dios mío. Hasta parece que le importas más a ella que a tus entrenadores. —¿Qué va? Si parece tu hermanita —dijo entre risas viendo el parecido a sus ojos. —Podría ser, así todo queda en familia —agregó con cara de picardía y aún riendo. Emily no lo pensó demasiado en ese momento. Solo una niña más, una futura esgrimista con ídolos... Pero no fue la última vez que la vio. Esa misma niña volvió a aparecer en dos torneos regionales. Luego en una final nacional. Siempre en las gradas. Siempre mirando con una mezcla de devoción y nerviosismo. Nunca se acercó. Nunca habló. Pero estaba ahí. Con su mirada de miel, con esa intensidad que Emily jamás olvidó del todo. —¿Eras tú? —susurró ahora, en voz apenas audible. Charlotte. El nombre ahora cobraba otro sentido. No era una aparición nueva en su vida. Era un eco. Una presencia que había estado allí antes de que siquiera lo supiera. Quizás por eso, desde el primer toque, desde ese primer combate, fue su cuerpo quien la reconoció antes que su mente supiera por qué. Como si algo en ella hubiera estado esperándola. Se reclinó hacia atrás, dejándose caer sobre el colchón frío. Miró el techo sin verlo. Sintió el pulso en sus sienes, la respiración todavía alterada por algo que no tenía nombre. No era amor. O por lo menos no aún. Tampoco era miedo, o no exactamente. Era más bien la posibilidad. Era esa grieta invisible que se abre cuando una vida que parecía trazada con reglas empieza a ...