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Sexo en un gym 24 h, con tres chicas
Fecha: 11/02/2026, Categorías: Confesiones Autor: El Manso Embravecido, Fuente: CuentoRelatos
Hace un tiempo me apunté a un gimnasio 24 h, de estos a los que puedes ir todos los días del año a la hora que te dé la gana. En alguna ocasión, cuando sufro de insomnio, me levanto a las 5 de la madrugada y me voy al establecimiento deportivo para hacer algo de pesas y cardio y así agotar al cuerpo, para coger el sueño mejor. Una de las veces que fui al gym de madrugada, a la media hora de estar allí (practicando mis ejercicios sin más compañía que la música que puse en los altavoces utilizando el Bluetooth de mi móvil), pues oigo unas voces en el pasillo de la entrada. Observo detenidamente quién podría ser y descubro que son tres chicas, que venían con una buena curda. Una, que era la que estaba más perjudicada por el exceso de alcohol, lleva media melena teñida de tres colores (azul, violeta y rubio). Vestía una blusa blanca y un pantalón vaquero acompañado de unos tenis blancos (haciendo juego con su blusa). Luego supe que se llama Ainoa. Es muy hermosa de cara. La tiene ataviada con cinco piercings repartidos por nariz, labios y lengua. En su frente llevaba escrita con rotulador una palabra casi ilegible ya, por el paso de las horas: “Bitch” (“Puta” en inglés). Otra, tiene el pelo muy corto y rubio, llevaba un vestido entubado y con zapato plano. Esta se llama Frida. Tiene los ojos verdes y los labios muy carnosos y sensuales. La tercera lleva una melena morena larga (casi hasta la cintura), y muy lacia. Vestía un top gris y una minifalda de pana color ...
... azul. Se llama Iria. Sus ojos negros te penetran el alma. De estatura, las tres andarían entre el 1,60 m y el 1,70 m. Ainoa y Frida son muy delgadas y casi planas de pecho. Iria es más anchota de cachas y muslos. También tiene más volumen de pecho. Entraron en la sala de máquinas sin cambiarse de ropa ni nada. Con la ropa de calle pretendían hacer deporte. Seguro que fue una ocurrencia de última hora, para rematar la noche. Ni se molestaron en ir al vestuario. Ainoa, que tambaleaba bastante, tuvo la ocurrencia de querer practicar sentadillas con barra. Le metió unos 40 kg. —¿No es un poco peligroso practicar pesas con la cogorza que lleváis? —le pregunto a Ainoa. —¿Tú de qué vas? ¿De nuestro papaíto? —me suelta Ainoa. Me coloqué prudentemente detrás de ella. Efectivamente ocurrió lo que me temía. Cuando Ainoa intenta levantar la barra, casi se cae. Gracias que yo acudí a tiempo. Sujeto la barra y la coloco en su sitio. Después agarro a la manceba por la cintura, para que no se desplome en el suelo, y la tumbo en una colchoneta. —Duerme un poco la mona y deja de hacer la idiota. Y vosotras dos, pegaos una ducha a ver si espabiláis un poco y os despejáis de la curda —les ordeno, casi como un sargento de milicia. Frida e Iria aún tardaron una media hora en volver de las duchas. Yo, mientras tanto, seguí con mis ejercicios. Hoy tocaba la zona dorsal. Cuando Frida e Iria aparecieron en la sala de máquinas, estaban un poco más despejadas. Entonces Frida me ...