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Sexo en un gym 24 h, con tres chicas
Fecha: 11/02/2026, Categorías: Confesiones Autor: El Manso Embravecido, Fuente: CuentoRelatos
... véngate. Ainoa, al ver el despelote que teníamos montado, no se lo piensa dos veces y se desabrocha la blusa, se quita los tenis y se desenfunda los jeans. Llevaba un sujetador color rosa y unas braguitas negras. Se las quita y pregunta: —¿No debería ducharme antes de entrar en la orgía? —No hace falta. No me molesta el olor a hembra ebria —le comento. Entonces se aproxima hacia mí, se coloca en cuclillas sobre mi cara y descarga una buena cantidad de pis en el interior de mi boca. Yo bebo toda la cantidad que puedo. Aquella orina tenía un regusto a zumo de cebada. Se notaba que Ainoa había ingerido una buena cantidad de cerveza aquella noche. Cuando acabó de descargar su vejiga, aplasta su pubis contra mi cara y me suelta: —Límpiame bien los bajos, cabrón. Los hombres solo servís para hacer de bidés, de Kleenex, para limpiarnos el conejo una vez acabada la meada. Ainoa estaba muy escocida, sentimentalmente, por la ruptura con su novio. Pero aquella madrugada, yo me encargaría, de que también le quedara bien escocido el chocho. Colocamos varias colchonetas en el suelo. Yo me tumbo sobre ellas, boca arriba. Frida decide montar sobre mí y calcarse mi polla hasta el fondo. Ainoa e Iria se van turnando a la hora de sentar sus pubis sobre mi cara, para que les lama bien a fondo sus coños. A los diez minutos, Frida comienza a gemir como una posesa y aúlla un “Me corro”. A los pocos segundos se baja del potro y otra hembra ocupa su lugar, en este caso fue ...
... Iria. Ahora son Frida y Ainoa las que se van turnando para que les coma el chocho. Ainoa se corre en mi boca. Aprieta con tal furia su entrepierna contra mi cara que en ocasiones parece que me falta el aire. A los pocos minutos la sigue Iria, que cabalga sobre mi polla como si fuera una jinete mapache huyendo del 7.º Regimiento de Caballería. —¡Qué aguante tienes! ¿Y tú no te corres? —me pregunta Frida. —Prefiero aguantar el máximo de tiempo posible, hasta que vosotras os corráis dos o tres veces, por lo menos. Entonces ya me llegará a mí el turno —le contesto. Nos tomamos un descanso y nos vamos los cuatro al vestuario de mujeres, para pegarnos unas duchas. Ni qué decir tiene que en todo el tiempo que estuvimos bajo los chorros del agua, yo me dedicaba a enjabonarles cada centímetro de sus esculpidos cuerpos, regodeándome en sus puntiagudas tetas. Mi verga estuvo enhiesta en todo momento. Las chicas, en ocasiones, se arrodillaban y me pegaban unas buenas chupaditas en el glande y me lamían el resto del tronco, como si fuera un polo de naranja. Ya de vuelta a la sala de máquinas, Ainoa me pide que me la folle, ya que es la única que no probó mi rabo todavía. Se pone a cuatro patas y me dice que le dé caña de la buena, que tiene a punto de caramelo otro orgasmo. No la hago esperar, y cogiéndola por las caderas, se la enchufo entera de una sola estocada. Me la trajino a un ritmo de tres emboladas por segundo. En ocasiones le recojo el pelo con mis manos para observar ...