1. Mami, juguemos al Spa. (El castillo II)


    Fecha: 14/02/2026, Categorías: Hetero Incesto Sexo con Maduras Autor: Juan Alberto, Fuente: SexoSinTabues30

    ... vez parecía mucho más relajada. Después de terminar su cuello y sus brazos, me dirigí a sus pies. Noté que sus piernas estaban más abiertas que la vez anterior y no estaba muy tensa. Mientras miraba debajo de la toalla, puede ver esos espirales de vellitos dorados justo en la convergencia de sus piernas. Me tomé mi tiempo masajeando sus pies, pantorrillas y rodillas. Cuando comencé un suave masaje al interno de sus muslos, ella separó sus piernas. Parecía no estar consciente de los que yo pudiera ver o no ver. Esta vez amasé sus muslos tiernamente y expuse su maravilla celestial. Su coño con esplendidos labios que sobresalían ligeramente de su abertura brillante y húmeda; ¡Qué hermoso coño el de mamá!
    
    Me volví un poco más audaz y moví mis dedos al borde de la toalla. Las yemas de mis dedos estaban a no más de cuatro o cinco centímetros de su paradisiaco orificio. Como si se despertara de repente, ella se dio cuenta de que estaba totalmente expuesta y cerro sus piernas, enseguida me dijo.
    
    —Bernardo, has sido un amor … Me siento de maravillas … Gracias …
    
    Nuevamente se levantó cuidadosamente de la mesa sin exponer absolutamente nada. No quise insistir ni decir nada para no arruinar mis posibilidades de seguir viendo su hermosura única. Pero un par de días después, ella me llamó y me pidió que le diera un masaje. Por supuesto que accedí inmediatamente. Me comporté mucho menos agresivo y durante el siguiente mes, la masajeé dos o tres veces por semana, siendo ...
    ... recompensado con las preciosas vistas del cuerpo de mamá.
    
    Al parecer la costumbre la hizo relajarse aún más a la hora de cubrirse, antes y después del masaje. Tuve cuidado de no mirarla en forma descarada ni fijamente, pero de todas maneras pude dar una ojeada subrepticia a sus hermosos pechos esponjosos de pequeñas areolas y protuberantes pezones marrón claro.
    
    Una tarde entró a la sala de estar solo envuelta con su toalla, se sentó sobre la mesa y la desató sin preocuparse de cubrirse los senos, luego se recostó boca abajo y cubrió solo sus nalgas con la toalla. Afortunadamente, la mesa era bastante alta y la tremenda erección que me produjo su cuerpo, no era visible. Cuando terminé con los pies y pantorrillas, ella me pidió que masajeara sus muslos y nalgas por sobre la toalla. Sus piernas estaban considerablemente más abiertas que otras veces, pero la toalla cubría todo su trasero, solo que estaba bastante arriba como para gozar la vista de sus vellitos de oro. Mientras masajeaba sus nalgas, la toalla se fue subiendo más arriba y noté que los hinchados labios de su coño estaban más hinchaditos y brillaban como si estuvieran mojados. Presioné delicadamente el interno superior de sus muslos y la toalla se subió hasta dejarme ver la línea estrecha que dividía sus nalgas. Puse mis manos sobre sus glúteos cubiertos por la toalla y los amasé, apretándolos y abriéndolos, su coño se abría y se cerraba al ritmo de mi masaje y sentí los tenues gemidos de ella. Mamá me dejó hacer esto por ...
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