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Encuentro de cuatro pieles
Fecha: 14/02/2026, Categorías: Fetichismo Autor: Fatmaster, Fuente: CuentoRelatos
... desvistió lentamente, quitándose los botines, los jeans, la blusa y la chaqueta. Quedó en ropa interior, una visión que ya me tenía al borde del control. Le pedí que se despojara de todo, y ella obedeció sin dudar, revelando su cuerpo desnudo. Sus curvas generosas, su piel suave y sus pechos llenos me dejaron sin aliento. Pero lo que más deseaba era verla enfundada en látex, convertida en una diosa de goma. Le entregué el traje y le indiqué cómo prepararse: untó su cuerpo con jabón líquido, cuyo brillo resbaladizo hacía eco del látex que pronto la cubriría. Comenzó a enfundarse el traje, introduciendo primero sus piernas. El látex se deslizó sobre su piel, abrazando sus muslos gruesos y sus caderas anchas. Cada movimiento hacía que el material crujiera, un sonido que resonaba como música en mis oídos. Al llegar a su torso, el traje moldeó sus pechos, dejando sus pezones marcados bajo el látex, una visión que me hizo apretar los puños para contener mi deseo.—Revisa las cremalleras —le dije, señalando las aberturas diseñadas para sus necesidades fisiológicas. Ella, imagino, se sonrojó bajo la capucha, pero pronto entendió. Las cremalleras, estratégicamente colocadas en su entrepierna y ano, eran un detalle práctico y erótico. Luego, se puso las botas altas, también de látex, con tiras que se abrochaban con un chasquido. Cada tira que ajustaba parecía un ritual, un paso más hacia su transformación. Finalmente, se enfundó los guantes, gruesos y largos, que cubrían sus ...
... brazos hasta los codos. Se miró en el espejo, y su respiración se aceleró. Estaba fascinada con su reflejo, una figura de látex negro que exudaba poder y sensualidad. Me acerqué por detrás, rodeando su cintura con mis manos enguantadas. Nuestros cuerpos, envueltos en látex, se reflejaban juntos en el espejo: una masa brillante, casi alienígena, de curvas y contornos. El “Encuentro de cuatro pieles” había comenzado. Ella giró y me besó con urgencia, sus manos explorando mi cuerpo, el látex amplificando cada caricia. Respondí con igual intensidad, nuestras lenguas entrelazadas, el crujido de nuestros trajes llenando el aire.—Quiero sentirte —susurró, su voz distorsionada por la capucha. Decidimos masturbarnos mutuamente, un preludio a lo que vendría. Ella abrió la cremallera de mi entrepierna, liberando mi pene erecto. Sus manos enguantadas lo envolvieron, el látex deslizándose sobre mi piel con una fricción deliciosa. Cada movimiento era una tortura exquisita, el material amplificando cada sensación. Luego, se inclinó y comenzó a besar mi glande, sus labios húmedos contrastando con la frialdad del látex. Su lengua recorrió cada centímetro, lenta y deliberada, hasta que me llevó al borde. Cuando me corrí, ella tragó cada gota, lamiendo el látex de sus labios con una sonrisa. Era mi turno. Abrí la cremallera de su entrepierna, revelando su vulva húmeda y palpitante. Me arrodillé, besando sus labios inferiores con devoción, el aroma de su excitación mezclado con el olor ...