1. Yo y Mis Accidentes: Una Historia de Caídas y Lecciones


    Fecha: 16/02/2026, Categorías: Hetero Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30

    Mi madre se llama Mariana, y me tuvo cuando solo tenía 17 años. Crecimos juntas, más como hermanas que como madre e hija, aunque siempre supo marcar la diferencia cuando era necesario. Es una mujer libre, de esas que nunca han seguido las reglas al pie de la letra, y creo que de ahí heredé mi espíritu caótico. Igual que yo, es delgada y de pelo negro ondulado, aunque a ella siempre le ha dado un aire elegante.
    
    El año pasado fue, para sorpresa de ustedes, mi primera vez en ámbitos sexuales. No es que haya sido una persona apagada o cohibida, pero simplemente nunca se había dado el momento con las parejas con las que salí. Y no crean que fue por falta de oportunidades, sino porque entre mis inseguridades y, lo admito, mi torpeza natural, las cosas nunca terminaban de fluir.
    
    Esta historia realmente comienza con Martín, con quien había planeado una cita aquella noche. Todo parecía ir bien, hasta que mi naturaleza caótica decidió manifestarse de la peor manera. En mi apuro por encontrar la lencería que había comprado especialmente para la ocasión, tropecé con la alfombra, me golpeé contra el filo de la cama y terminé con un moretón en la cadera antes siquiera de salir de casa. Lo peor de todo: en el caos, mi teléfono voló por los aires, cayó en un vaso de agua y dejó de funcionar. Así fue como mi primera vez casi se arruina antes de empezar… por culpa de un clásico accidente mío.
    
    Afortunadamente esa noche, Martín no se limitó a intentar contactarme por el celular, timbro ...
    ... a mi casa y así fue como nos conocimos, al abrir la puerta no se encontró a la mujer que esperaba, estaba completamente adolorida de mi cadera, llevaba puesta la falda que había tenido durante todo el día y una blusa de esas que usamos las mujeres para estar en casa, su cara de sorpresa creo que lo dijo todo. Lamento esto, le dije, pero él se limitó a sonreír, me entrego el ramo de flores que traía y me dijo con una sonrisa tranquila: «Bueno, al menos ahora sé que eres real y no solo un número que dejó de responderme». Me reí, a pesar del dolor en la cadera, y lo invité a pasar mientras intentaba recomponerme un poco.
    
    Dejé las flores en la mesa y Martín me miró con esa mezcla de diversión y ternura que solo alguien con mucha paciencia podría tener. «¿Quieres que pospongamos la cita?», preguntó, pero negué de inmediato. No iba a dejar que mi torpeza arruinara la noche… otra vez.
    
    Así que, cojeando levemente, fui a buscar algo más acorde para la ocasión. Le pedí que me tuviera paciencia, asegurándole que solo necesitaba un momento para arreglarme. Sin embargo, apenas entré en la habitación y me quité la blusa, un espasmo en mi cadera me tomó por sorpresa, haciéndome perder el equilibrio y caer al suelo con un golpe seco.
    
    El dolor me hizo soltar un grito involuntario, y en cuestión de segundos, Martín irrumpió en la habitación alarmado. Ahí estaba yo, en el piso, completamente en tetas y con cara de dolor y vergüenza.
    
    «¿Estás bien?» preguntó él, tratando de no reírse, ...
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