1. Yo y Mis Accidentes: Una Historia de Caídas y Lecciones


    Fecha: 16/02/2026, Categorías: Hetero Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30

    ... intercambiábamos. Pero, en el momento más oportuno, cuando Martín estaba por levantarme en brazos con toda la intención de llevarme a la habitación, el destino –y mi mala suerte– volvieron a hacer de las suyas. Dio un paso en falso, resbalando con el propio vino derramado en el suelo, y en un abrir y cerrar de ojos, ambos caímos de golpe al piso, entre un estruendo de copas vacías rodando y carcajadas incontrolables. Caí sentada sobre su pecho. «Aparentemente, la noche insiste en ponernos a prueba», dije entre risas, aún sobre él, sintiendo su pecho temblar con su propia risa. Martín apretó mis nalgas con firmeza, sus ojos encendidos de deseo y diversión. «Tal vez la solución sea no intentar movernos más», susurró, halándome para sentarme sobre su cara. Me mordí el labio, sintiendo un escalofrío recorrerme. La forma en que me sujetaba, con esa mezcla de urgencia y adoración, me dejó sin aliento por un instante. «¿Así, sin más?» susurré, con una risa entrecortada. Martín no respondió con palabras. En cambio, sus manos firmes en mis nalgas me guiaron con paciencia, con una seguridad que hizo que cualquier rastro de duda se disipara por completo. Me dejé llevar, apoyando las manos en el suelo para equilibrarme, mientras su lengua hacía juegos dentro de mi vagina. La sensación fue tan intensa que un jadeo escapó de mis labios sin que pudiera evitarlo. Instintivamente, me aferré a su cabello, y comencé a moverme cabalgando sobre su rostro, perdiéndome en el placer lento y ...
    ... tortuoso con el que me exploraba. Pero, fiel al tono de la noche, la excitación, en este caso, no tardó en hacer su aparición. En un momento, a pesar de que mis gemidos podrían haber sido un aviso previo, solté un chorro de un orgasmo anunciado sobre su cara. Martín soltó un quejido ahogado, apartándose por un segundo para recuperar el aire. «¿Estás tratando de ahogarme?» bromeó entre risas, escupiendo un poco sobre su propia barbilla. Entre el calor del momento y el absurdo de la situación, no pude evitar reírme también. «Lo siento, pero técnicamente fuiste tú el culpable.» Martín negó con la cabeza, aún divertido. «Entonces, volvamos a intentarlo… con menos peligro de asfixia esta vez.» “No soy tan experimentada como tú,” decidí decirle en ese momento. Martín se detuvo por un instante, su mirada se suavizó mientras sus manos habían retomado las nalgas que parecía reclamar como suyas. Me acarició con ternura, como si quisiera asegurarme que no había prisa, que el momento era nuestro y que podíamos disfrutarlo a nuestro ritmo. “No tienes que serlo,” respondió con voz ronca, pero con una dulzura inesperada. “Solo quiero que lo sientas… que te dejes llevar.” Asentí lentamente, sintiendo cómo mi nerviosismo inicial se disipaba poco a poco con cada caricia suya, besó el interior de mi vagina, donde retomó su labor con aún más paciencia, con la clara intención de hacerme olvidar cualquier duda que quedara en mi mente. “¿Y, podrías decir lo que tengo que hacer?” pregunté, aún con la ...
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