-
Yo y Mis Accidentes: Una Historia de Caídas y Lecciones
Fecha: 16/02/2026, Categorías: Hetero Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30
... respiración entrecortada. “A la cama,” dijo sin dudarlo, deslizando sus manos por mis muslos. “Pero te advierto… ahí no tendrás escapatoria.” Me puse de pie y caminé hacia la habitación, si evitar notal como admiraba mis nalgas Martín no hizo el más mínimo esfuerzo por disimular su mirada. Cada paso que daba hacia la habitación parecía encender aún más su deseo, y la forma en que sus ojos recorrían mi cuerpo me hizo sentir una combinación perfecta entre poder y vulnerabilidad. «Si sigues mirándome así, voy a tropezar otra vez,» dije con una sonrisa traviesa sobre mi hombro. «Entonces caeré contigo,» respondió sin dudarlo, poniéndose de pie con esa misma seguridad que me había hecho rendirme ante él una y otra vez en el transcurso de la noche. Llegué hasta la cama y me giré para encontrarlo justo detrás de mí, tan cerca que su aliento cálido chocó con mi piel. Me envolvió entre sus brazos, recorriendo con sus manos mi espalda hasta sujetar con firmeza mis nalgas. «¿Lista para otro accidente?» susurró contra mi oído, haciendo que un escalofrío recorriera mi cuerpo. Lo miré con una sonrisa desafiante antes de dejarme caer lentamente sobre la cama, tomándolo conmigo en la caída. Nos dimos un beso de esos que no se olvidan, y le dije que me hiciera todo lo que quisiera. Martín entrelazó sus dedos con los míos sobre la cama, profundizando el beso con una intensidad que me hizo estremecer. Su lengua exploró la mía con la misma paciencia con la que había recorrido mi vagina ...
... momentos antes, como si quisiera saborearme en cada instante, grabando en su memoria cada reacción, cada suspiro. Cuando me separé apenas unos centímetros para mirarlo, mis labios aún hormigueaban. Lo vi sonreír de lado, con esa expresión de deseo contenido que me hizo temblar por dentro. «¿Todo lo que quiera?» repitió en un susurro grave, su aliento rozando mi piel. Asentí sin dudarlo, sintiendo la emoción mezclarse con la expectación. Él deslizó sus manos por mi cuerpo con una calma casi tortuosa, como si estuviera tomándose su tiempo para decidir por dónde empezar. Sus labios descendieron por mi cuello, dejando un rastro de besos húmedos que me hicieron arquear la espalda involuntariamente. Mi respiración se podía oír a kilómetros, y mi excitación habló por mí. «Ya cómeme, por favor». Así, Martín sin decir mucho más, tomo su pene y me penetró. Un grito escapo de mí. «¡AHHHHH! ¡PUTAAAA! ¡DIOOOS!». Estaba dentro de mí, esa verga era enorme y estaba dentro de mí. Mis piernas temblaban mientras intentaban sostenerse alrededor de su cuerpo, mientras Martín, aparentemente ajeno a mi virginidad empezaba a rebotar sobre mí. Me daba durísimo, y a pesar de que sentía rico, también sentía mucho dolor. Mis tetas rebotaban y se movían salvajemente entre nosotros. Lagrimas salían de mis ojos mientras mis gemidos no paraban y Martín seguía dándome muy fuerte. Sentí como otro orgasmo se acumulaba dentro de mí, coloqué mis manos sobre su pecho y comencé a convulsionar incontrolablemente mientras ...