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Iniciando a nuestros hijos mellizos (16)
Fecha: 16/02/2026, Categorías: Incesto Autor: Enrique1975, Fuente: CuentoRelatos
... puso enfrente de Miriam, acercando su miembro ya erecto a la entrada de su vagina. haciéndola que se estremeciera al sentir la combinación del plug, la boca de Martha y la verga de Juan rozando su pelvis. Miriam, con la boca entreabierta y la respiración agitada, se apoyó en la cama abriendo más las piernas y permitiendo a Martha jugar a su antojo con la cola de zorro y su vagina, Juan entendió la invitación y se acostó descansando su cabeza en la cama y saboreando la vulva de mi mujer, empezó a moverse metiéndole la lengua, disfrutando del calor y la humedad, Mario se acercó a la oreja de mi esposa “¿Te gusta sentir como te lamen el culo y la cuca mis padres?” Susurro con una sonrisa. Miriam asintió, sin alzar la vista, la intensidad del placer que la atravesaba era abrumadora, se sentía exhibida, usada, vulnerable, la sumisión era algo que acaba de descubrir y a mí me encantaba verla así. ¿En dónde estaba la abogada de carácter fuerte, la que peleaba en tribunales? Mario, no dejaba de masturbarse, se acercó a Juan que seguía sumido dándole lengua. “¿Papá, tú se la vas a meter primero?” Preguntó con ansias, su miembro ya listo para la acción. “Yo quiero ser el primero, si no te importa” dijo con el miembro a centímetros de la vagina de mi esposa no importándole estar tan cerca de la boca de su padre. Juan se detuvo por un instante “Claro, si ella lo pide, serás el primero, o quizá lo podamos hacer los dos” Respondió con la cara llena de fluidos. “¿Te gustaría ...
... jugar con los dos Miry? Pregunto Juan. Miriam, asintió, la idea de ser tomada por dos a la vez la excitaba mucho. Juan se movió lentamente, permitiéndole a Mario acercarse y levantar a mi esposa en vilo, poniendo sus piernas en los hombros, penetrándola de golpe. Mi esposa soltó un gemido. Enseguida Mario la volcó sobre la cama en la posición de misionero, Juan de inmediato se subió y puso su miembro en la boca de mi esposa que lo empezó a mamar con devoción, en realidad mi mujer necesitaba un buen polvo había pasado semanas de muchísima tensión sexual. Me acerqué a Martha, que se encontraba sentada en la cama, sin perder la compostura, le acaricié la mejilla con suavidad, bajando mi mano por su cuello y hombro, siguiendo la curva de su seno. Martha cerró los ojos y suspiró profundamente al sentir mis dedos juguetear con su pezón erecto. Apoyando mi pene en su estómago, comencé a moverlo lentamente, disfrutando del calor que irradiaba su piel. Con cada movimiento, la respiración de Martha se elevaba, sus pechos se alzaban y bajaban con cada inhalación, la imagen de mi esposa a un lado de nosotros, disfrutando de la atención de Juan y Mario, me tenían muy excitado. Sin una sola palabra, me acerqué a su boca y empecé a besarla apasionadamente, nuestras lenguas se enroscaron. Mis manos se deslizaron por su espalda mordisquee su pezón, haciéndola gemir, su respiración se aceleró. Martha me miraba, la lujuria que sentíamos era palpable. Con la punta del dedo, dibujé ...