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Iniciando a nuestros hijos mellizos (16)
Fecha: 16/02/2026, Categorías: Incesto Autor: Enrique1975, Fuente: CuentoRelatos
... era de alivio y excitación, los gemidos de Martha aumentaban, la voz de Mario gritándole obscenidades a su madre y a Juan pegándole nalgadas mientras le perforaba el culo me erizo la piel, estuve a punto de venirme en la boca de mi esposa. que seguía chupando lamiendo mi pene con calma, parecía en otro lugar ajena a lo que ocurría a menos de un metro de nosotros, por momentos tenía espasmos y escalofríos, estaba aún en shock, a ciencia cierta no definía si era por lo que acababa de recibir o porque ya estaba lista para otra sesión de penetraciones. Miriam se da cuenta que para mí es imposible dejar de ver al trio unido y envuelto en una masa de cuerpos en donde ella estuvo minutos antes y sin dejar de masturbarme decide unirse y acompañarme en el deleite voyerista. Abrió las piernas, sentí el estremecimiento que recorría su cuerpo, su coño seguía palpitando, lo toque y estaba resbaladizo, su mano se unió a la mía y empezó a jugar con su clítoris hinchado apretándolo con dos dedos, soltó el aire y jadeo “Míralos…” Susurro con la voz cargada de lujuria “Son como animales en celo” Deslizo un dedo en su coño y tuvo nuevos espasmos, las sensaciones que me transmitía a través de mi miembro ya sea por chupetones con la lengua o masajes con la mano aunado a nuestra complicidad de tantos años era como si yo fuese una extensión de su cuerpo, me transmitía totalmente sus sensaciones. Mi esposa a comenzó un mete y saca en su encharcada vagina sin dejar de ver al trio y sin ...
... dejar de jugar con mi miembro que cada vez estaba más cercano a soltar mi leche. Conozco muy bien a mi mujer, más allá de la emoción de ver al trio, a medida que la excitación volvía a apoderarse de ella. La idea de ser observada, de ser disfrutada, de estar tan expuesta era un afrodisíaco que corría por sus venas. Como si le leyeran la mente, Mario y Juan también la observaban. Cambiaron hábilmente de orificios, Martha, con los ojos vidriosos de placer, se sentó a horcajadas sobre Juan, su coño engullendo su gruesa polla. La visión de los abundantes pechos de Martha rebotando con cada embestida profunda era electrizante, Mario, sin apartar sus ojos de los de Miriam, se colocó detrás de su madre que gemía y comenzó a acariciar sus regordetas nalgas. Con una sonrisa diabólica, trazó una línea húmeda por la grieta de su culo, su dedo medio rodeó su agujero fruncido. La anticipación era exquisita, todo su cuerpo temblaba de necesidad al sentir la punta de su erección empujar contra su apretado anillo. La presión crecía a medida que él empujaba, centímetro a centímetro, llenándola con su circunferencia mientras Juan continuaba golpeando su coño. La doble sensación era demasiado para Martha que no dejaba de gritar de placer. Mi esposa continúo tocándose y masturbándome acariciando mis testículos llenos, su boca apretando mi pene, su garganta tragando cada centímetro que podía, la escena que se veía en el espejo la ponía cada vez más húmeda y caliente. Martha se encontraba ...