1. Papá y Tía


    Fecha: 16/02/2026, Categorías: Incesto Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30

    Leonardo, o simplemente «Leo» como le decía tía, se había hecho cargo de todo desde que mamá se fue. Por eso, vivíamos los tres juntos en aquella casa antigua, llena de recuerdos y rincones olvidados. Tía había venido a ayudarnos por unos meses, pero los meses se volvieron años, y al final, terminó siendo parte de nuestra pequeña familia.
    
    Salí de mi habitación sin preocuparme por ponerme más ropa; en casa siempre andaba en ropa interior, era lo que me resultaba más cómodo. Al llegar al comedor, encontré a papá y a tía sentados frente a frente, en un silencio pesado. Pensé que habían discutido otra vez, así que fruncí el ceño y pregunté sin rodeos:
    
    —¿Qué pasa ahora?
    
    Me detuve en seco al ver cómo se miraban. No era la tensión de una discusión cualquiera, era algo más denso, más íntimo. Tía bajó la mirada, como si evitara mi pregunta, y papá suspiró, pasándose una mano por el rostro antes de hablar.
    
    —Tenemos que hablar contigo —dijo, con un tono que me puso alerta.
    
    Me crucé de brazos, esperando. Tía tragó saliva y, sin mirarme a los ojos, dejó escapar las palabras que me hicieron sentir como si el suelo desapareciera bajo mis pies.
    
    —Tu padre y yo… estamos juntos.
    
    Tía Ana siempre había sido una presencia extraña en mi vida. No porque no nos lleváramos bien, sino porque nunca encajó del todo en el papel de «tía» que se supone que debía tener. Era demasiado joven, demasiado diferente a mi padre como para que la viera como una hermana para él. Tenía solo ...
    ... 21 años, apenas cuatro más que yo, mientras que con papá la diferencia era de casi veinte. Medía 1.72, tenía una piel morena tersa, de ese tono dorado que parece brillar con la luz, y unos ojos claros que podían pasar de la dulzura a la frialdad en un segundo. Su cabello, largo y oscuro que caía en ondas sueltas sobre unos pequeños pero firmes pechos. A mí me resultaba inevitable voltearla a mirar cuando ella no me miraba, tenía ese tipo de traseros que son perfectos para cualquier hombre.
    
    Y sí, era hermosa. Tanto que, en más de una ocasión, me había sorprendido mirándola más de la cuenta. Me sentía culpable por ello, pero no podía evitarlo. Su forma de moverse, de reírse, la manera en que su ropa ceñida marcaba su trasero… todo eso me confundía. Pero siempre me recordaba que era mi tía, que no debía pensar en ella de esa forma. Ahora, con su confesión flotando en el aire, con papá mirándome como si esperara que explotara, todas esas emociones reprimidas volvían con fuerza.
    
    No solo me molestaba la relación en sí, sino lo que significaba, estábamos hablando de incesto. Me hacía sentir pequeño, como si yo fuera un niño al margen de una historia que desconocía. También me dolía pensar que tal vez, en algún rincón de mi mente, había llegado a imaginar que si las cosas fueran diferentes… si no fuera mi tía… ella y yo podríamos haber sido otra cosa.
    
    Pero ahora todo estaba claro. Ella había elegido a mi padre.
    
    Puede que en mi cabeza hubiera pasado una eternidad, con ...
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