1. Papá y Tía


    Fecha: 16/02/2026, Categorías: Incesto Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30

    ... pensamientos enredándose y chocando unos con otros, pero en realidad solo habían pasado unos segundos. Ambos me miraban, esperando mi reacción, con una tensión en el aire que casi podía tocarse.
    
    Pero en lugar de explotar, de hacer preguntas o de mostrar lo que realmente pasaba por mi mente, simplemente respiré hondo y solté lo primero que se me ocurrió.
    
    —Los entrenamientos de fútbol han estado pesados últimamente —dije, encogiéndome de hombros, como si nada hubiera pasado.
    
    Tía frunció el ceño, sorprendida por el giro repentino, y papá entrecerró los ojos, estudiándome. Sabía que no era tonto, que no podía haber digerido la noticia tan rápido, pero tampoco me presionó.
    
    —¿Sí? —dijo finalmente, cruzándose de brazos—. ¿Y qué tal van los partidos?
    
    Me forcé a sonreír y me recargué en la silla, con una actitud despreocupada que no sentía en absoluto.
    
    —Bien, aunque hay mucha tensión en el equipo… Ya sabes, a veces es difícil cuando hay gente que se mete donde no debería—. Dije mirando a Tía
    
    Mis palabras eran veneno disfrazado de conversación casual, una prueba para ver si reaccionaban, si se incomodaban, si al menos se daban cuenta de que esto no iba a ser tan fácil para mí como pretendían.
    
    Antes de pararme e irme de allí, me tomé un momento para mirarlos a ambos. No porque quisiera, sino porque no podía evitarlo. Papá mantenía esa expresión seria, como si ya estuviera preparado para cualquier reacción mía. Pero tía… ella era otra historia.
    
    Había algo en su ...
    ... mirada que me desconcertaba, algo que no había notado antes o que simplemente nunca me había atrevido a analizar. No era solo incomodidad o culpa, era más profundo, más confuso. Nos miraba a los dos de una manera que me hizo tragar saliva. Una parte de mí quería preguntarle qué pasaba por su cabeza, qué significaba todo esto para ella.
    
    Nunca había imaginado encontrarme en una situación así. Tenerla tan cerca y, al mismo tiempo, tan lejos. Sentir que algo en la dinámica entre los tres se había roto sin remedio. No estaba listo para lidiar con eso, así que hice lo único que podía hacer.
    
    Me levanté sin decir nada más y me fui de allí.
    
    Los escuché hablar entre susurros a mis espaldas, pero no me detuve. Sus voces se hicieron cada vez más tenues a medida que me alejaba, hasta que dejaron de ser más que un murmullo distante. No quise pensar en lo que decían, en si hablaban de mí, de mi reacción, o si simplemente seguían con lo suyo sin preocuparse por lo que yo sentía.
    
    Más tarde, cuando el sol comenzaba a ocultarse y la casa estaba en ese punto intermedio entre la calma y el letargo, los volví a encontrar. Esta vez en la sala, sin rastro de nerviosismo, sin el más mínimo intento de disimulo. Supongo que, para ellos, ya no había secretos.
    
    Papá la tenía tomada por las caderas, con sus dedos descansando sobre una de sus nalgas, con una naturalidad que me crispó los nervios. Su mano se deslizaba con discreción, pero yo vi el gesto. Vi la forma en que sus dedos tanteaban ...