1. El motor… y el descontrol de mi hijo


    Fecha: 18/02/2026, Categorías: Gays Autor: Rafi, Fuente: TodoRelatos

    ... a cuatro patas con el culo en el aire. Estoy concentrado cuando siento un tirón en mis pantalones cortos. José ha vuelto, en pelotas otra vez, y me los baja de golpe, dejándome el culo expuesto al aire caliente. Me quedo quieto, con el pulso acelerado, y murmuro: “Hijo, para un momento, ¿qué te traes entre manos?”. Siento sus manos ásperas agarrándome las nalgas, separándolas con fuerza, y al girar la cabeza veo esa mirada salvaje, llena de deseo puro. “Madre mía, eres un torbellino, siempre con lo mismo en la cabeza”, digo, más para mí que para él. Lo conozco demasiado: sé que su instinto primitivo no va a dejarlo pasar, que me va a usar como ha hecho otras veces, y una parte de mí ya lo acepta. Suspiro hondo y, con voz cansada, le suelto: “Bueno, venga, haz lo que quieras, pero date prisa, que tengo que acabar con esto”.
    
    José gruñe, satisfecho, y se pega a mí. Siento su polla gorda rozándome, y escupe un chorro de saliva que cae entre mis nalgas, resbalando hacia mi ano. No dice nada, solo respira pesado, como un animal en celo, y empieza a empujar. Me la mete despacio, abriéndome con un dolor que me hace apretar los dientes y soltar un quejido bajo. “Joder”, gruño, agarrándome al suelo, mientras él empuja más, centímetro a centímetro, caliente y duro. Al principio estoy tieso, pensando en lo jodido que es esto, en cómo he acabado a cuatro patas con mi hijo detrás. Pero conforme sus embestidas torpes pero llenas de ganas siguen, algo cambia. El dolor se mezcla con un ...
    ... calor que me recorre la espalda, y joder, empiezo a notar que me gusta. Sus gruñidos llenan el aire, y yo, sin querer, arqueo la espalda un poco, dejando que entre más. “Venga, rápido”, le digo, pero mi voz tiembla, y él acelera, follándome con una energía salvaje.
    
    De pronto, su cuerpo se tensa, y siento un espasmo fuerte. Sus piernas tiemblan contra las mías, y sus ojos se ponen en blanco mientras suelta un gruñido ronco. “¡Argh!”, ruge, y una explosión caliente me llena el culo, su corrida salpicando dentro, densa y abundante, mientras su polla palpita con cada chorro. Se queda quieto un momento, jadeando como un perro, y yo siento el abundante líquido en mi interior. Me subo el pantalón, mirándolo de reojo, y le digo: “Venga, hijo, ya estás saciado, ahora métete dentro y déjame trabajar”. Él gruñe algo y se aleja, tambaleándose.
    
    No pasan ni quince minutos cuando vuelve a aparecer. Estoy otra vez con el motor, intentando olvidar lo de antes, cuando oigo sus pasos pesados. Me giro y ahí está José, con la polla dura otra vez en la mano, mirándome con esa hambre animal. “Papá, mira, todavía quiero más, no he terminado”, dice, moviéndola como si me desafiara. Resoplo, pasándome la mano por la cara, y murmuro: “Joder, hijo, ¿otra vez con lo mismo?”. Sé que no hay escapatoria, así que, con un suspiro, le digo: “Bueno, venga, hazlo otra vez, pero sin líos”. Me bajo el pantaloncito corto, quedándome a cuatro patas otra vez, y él se pega a mí al instante.
    
    Empieza igual, ...