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El motor… y el descontrol de mi hijo
Fecha: 18/02/2026, Categorías: Gays Autor: Rafi, Fuente: TodoRelatos
... escupiendo para lubricar y metiéndomela con esa fuerza bruta. Pero esta vez, a los pocos minutos, empieza a gemir a gritos, un sonido salvaje que retumba en el porche. “Cállate, joder, que nos oyen los vecinos”, le digo, mirando nervioso hacia la valla. “Venga, entremos dentro, que esto lo terminamos en casa”. Él asiente, gruñendo, y me sigue mientras entro, con el culo aún sensible y la cabeza dándome vueltas. Dentro, en el salón, cierro las cortinas con prisa y lo miro. Está ahí, desnudo, con la polla tiesa y brillante, esperando como un lobo hambriento. “Vale, pero aquí dentro, sin hacer ruido, ¿entendido?”, le digo, y me bajo los pantalones del todo, apoyándome en el respaldo del sofá. José se acerca, olfateando casi, y me la mete otra vez, más despacio esta vez, como si quisiera saborearlo. Siento cada roce, el calor de su piel contra la mía, y aunque intento mantenerme frío, mi cuerpo responde, arqueándose un poco. “Joder”, susurro, y él gruñe, acelerando. Pero esta vez, la cosa se tuerce más. Mientras me folla, me agarra el pelo y tira hacia atrás, susurrándome al oído con voz ronca: “Eres mío, papá, solo mío”. Me quedo helado, pero el morbo me ...
... recorre como un relámpago, y joder, empiezo a empujar hacia atrás, dejándome llevar. “Para, hijo, esto no está bien. Una cosa es que descargues y una muy distinta es esto”, digo, pero mi voz suena débil, y él ríe, un sonido gutural. “Tú me has dicho que vale, así que ahora agárrate”, gruñe, y mete un dedo junto a su polla, estirándome más, haciéndome gemir alto. “¡Shh, cabrón, que nos oyen!”, le suelto, pero él sigue, embistiendo con fuerza, como si quisiera marcarme. De pronto, su cuerpo se convulsiona. Sus piernas tiemblan violentamente, casi perdiendo el equilibrio, y sus ojos se ponen en blanco mientras suelta un rugido animal. “¡Grrr, sí!”, grita, y una explosión caliente me inunda el culo, su corrida salpicando dentro con fuerza, chorro tras chorro, mientras su polla palpita y su cuerpo se sacude contra el mío. Se queda ahí, jadeando, y murmura: “Te llené bien, papá”. Yo, temblando, siento el líquido resbalando por mis muslos, y me dejo caer contra el sofá, con la cabeza hecha un lío. “Venga, hijo, vete a tu cuarto”, le digo, pero mientras se aleja, me quedo mirando el suelo, preguntándome cómo coño he acabado disfrutando esta situación tan retorcida.