1. Alejandro y la granja familiar - 1: El guiño


    Fecha: 19/02/2026, Categorías: Gays Autor: Relatoprofundo, Fuente: TodoRelatos

    ... desarrollo y una polla delgada que se mecía con cada movimiento– y Don Manuel, se dirigieron al improvisado cubículo al anochecer. El aire estaba cargado de humedad, con un olor terroso mezclado al sudor acumulado del día.
    
    Don Manuel fue el primero en desvestirse, quitándose la camisa ajada con botones deshilachados y los pantalones de trabajo manchados de tierra, revelando un torso velludo y grisáceo que aún conservaba rastros de musculatura endurecida por el campo. Sus piernas eran fuertes, marcadas por venas prominentes, y entre ellas colgaba su polla, gruesa y venosa, pero el calor opresivo o tal vez el roce del aire cálido la había puesto en un estado de semierección: tiesa, apuntando ligeramente hacia arriba, con el glande asomando rosado bajo aquel prepucio retraído.
    
    Alejandro la vio de reojo mientras se quitaba su propia camiseta, sintiendo un tirón inesperado en el bajo vientre, un cosquilleo que se extendía como una corriente eléctrica.
    
    Pablo y Javi siguieron el ejemplo, despojándose de sus ropas con la naturalidad de quien ha crecido en entornos comunales: Pablo frotando su barriga con jabón casero, su polla balanceándose inofensiva; Javi, algo cohibido por su delgadez, enjabonándose rápido bajo el agua fría que le erizaba la piel.
    
    Alejandro, aunque un leve rubor tiñó sus mejillas –no por pudor ante la desnudez masculina, sino por esa atracción inexplicable hacia el rabo endurecido del abuelo–, se desprendió de sus pantalones y calzoncillos sin ...
    ... titubear. Su cuerpo era un espectáculo: músculos tensos y definidos, piel bronceada por el sol de la ciudad, y una polla gruesa que, incluso flácida, pendía con peso propio, rodeada de un vello recortado que acentuaba su tamaño. No le importaba estar desnudo frente a otros hombres; al contrario, en vestuarios de gimnasios, solía disfrutar de las miradas envidiosas, sintiéndose seguro en su virilidad.
    
    Se metió bajo el chorro helado, el agua golpeando su pecho y resbalando por sus abdominales, enjabonándose las axilas y el cuello con movimientos deliberados. Pero sus ojos, traicioneros, volvían una y otra vez con disimulo al rabo de Don Manuel. El abuelo se lavaba con parsimonia, frotando su erección con jabón espumoso, como si no notara la atención, el agua cayendo en riachuelos por su vello púbico gris. Alejandro intentaba disimular, charlando de banalidades como el partido de fútbol del fin de semana o las cosechas inminentes, pero en un momento, su mirada se demoró demasiado, fija en esa polla tiesa que palpitaba levemente.
    
    Don Manuel lo pilló en el acto; sus ojos se encontraron, y con una sonrisa pícara que arrugaba las comisuras de su boca, le guiñó el ojo de forma cómplice, un gesto juguetón que insinuaba complicidad prohibida. Alejandro se puso rojo como un tomate, el rubor subiendo por su cuello y orejas, un calor que no era solo del bochorno ambiental, giró la cabeza bruscamente, fingiendo concentrarse en enjuagarse el pelo, el corazón latiéndole con fuerza en el pecho. ...