1. El Precio de las comisiones


    Fecha: 21/02/2026, Categorías: Gays Autor: Jhosua, Fuente: TodoRelatos

    ... cuerpo bonito tienes, ¿eh? Dan ganas de comerte a besos”.
    
    Sentí su entrepierna rozarme una y otra vez, disimulando sus acciones y artimañas, cada roce más atrevido. Luego, comenzaron a hacerme preguntas personales y comprometidas, sus voces bajando a un susurro conspirador. Preguntó Braulio, su mirada fija en mis labios finos.
    
    ·“¿Has tenido alguna relación con un hombre?”.
    
    La verdad es que mis respuestas no les importaban en absoluto. Apenas terminé de responder negativamente (obviamente mentí, sino hubiera sido peor), que nunca había tenido una relación seria con un hombre, cuando Alberto se sumó:
    
    ·“Y, ¿no te gustaría probar, bombón? Con este cuerpo que tienes... ¡Serías la delicia de cualquiera!”.
    
    Este tipo de conversación, o mejor dicho, de preguntas, poco a poco me fue excitando. Mi pene, apenas visible bajo mi tanga, comenzó a endurecerse ligeramente. De repente, Alberto se inclinó, su aliento cálido en mi oído.
    
    ·“Vas por comisión, ¿verdad? Si es así, creo que deberías de emplearte más a fondo... mucho más a fondo, pequeño”.
    
    Sus palabras apenas susurradas me erizaron la piel. Al mismo tiempo, bajó la cremallera de su pantalón, introdujo su mano y sacó fuera su erecto miembro. Era una visión imponente.
    
    Braulio, con una sonrisa depravada, me miró, observando mi mirada fija en la polla de su amigo. Su voz, un susurro ronco, me dijo.
    
    ·“Puedes hacer dos cosas: una, marcharte e irte, perdiendo la venta y con ello las comisiones...”.
    
    Hizo una ...
    ... pausa dramática, sus ojos brillando con malicia. Siguiendo...
    
    ·“O dos, podrías comenzar por desvestirte, implicándote a fondo. Ganándote tus comisiones, y asegurarte la venta. Te aseguro que te gustará, putita”.
    
    Y recordar que, para esos momentos, la venta me importaba poco. La excitación se había apoderado de mí. Comencé a desvestirme ante su sorpresa, observando estos como mi camisa, empapada de sudor, fue lo primero en quitarme. La arrojé al suelo.
    
    Seguí con descalzarme, quitarme el pantalón, luego los ejecutivos. Ellos mismos, con ojos ávidos, me pidieron dejarme mi tanga. Dejándoles ver mi cuerpo casi desnudo, una minúscula prenda que apenas cubría mi pene y mis pequeños testículos, una visión que, por sus gemidos ahogados, le ponía al límite.
    
    Esos cabrones estaban a mil, el estado de sus pollas les delataba. Sus miradas se clavaron en mi cuerpo, mi fisionomía (andrógina), mi ausencia total de vello corporal, mi complexión delgada, y se imaginaban que, bajo ese minúsculo tanga, no debía de tener nada de hombría.
    
    No esperaron más y empezaron a desnudarse de una manera frenética para mí, sus ropas cayendo al suelo con un estrépito. La polla de Alberto mediría unos dieciocho centímetros, con un grosor respetable.
    
    Pero ante mí, estaba la preciosa verga de Braulio, midiéndole al menos unos veinte centímetros. Era gruesa y poderosa, palpitando, vergas oscuras y marcadas, latiendo con una vida propia. Exclamó.
    
    ·“Mucha carne para mí”
    
    Susurré sin darme cuenta, ...
«1...3456»