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La ruta hacia el hotel
Fecha: 28/02/2026, Categorías: Gays Autor: MrMorbo, Fuente: CuentoRelatos
Para Antonio, la vuelta a casa representaba la peor parte de su día. Tras largas horas de agotador trabajo, el destino lo obligaba a encarar un autobús atiborrado de pasajeros. Viajar de pie se había convertido en una rutina ineludible para él. La fatiga se aposentaba en su cuerpo, y la masa de gente apretujada parecía arrastrarlo en un flujo constante de desconocidos. El viaje de retorno se extendía por aproximadamente una hora. Y tras cuarenta minutos de recorrido, una buena parte de pasajeros ya había descendido. No obstante, todos los asientos continuaban ocupados, aunque Antonio agradecía al menos ya no tener que soportar viajar apretado. De vez en cuando, cerraba los ojos para dar un breve descanso a su vista, aunque sus pies seguían sin encontrar relajación. Hubo un fugaz instante en el que se dejó llevar por un sueño de un segundo, pero afortunadamente, despertó antes de precipitarse al suelo. Decidió entonces mantener sus ojos bien abiertos, asegurándose de evitar cualquier posible accidente. Su mirada comenzó a explorar el interior del autobús. Observó a personas que dormían con la boca abierta, parejas entregadas a besos apasionados y amigos que compartían animadas conversaciones. Sin embargo, su atención se detuvo de inmediato al toparse con las nalgas más impresionantes que había tenido el placer de contemplar. El dueño de tal atributo estaba de pie a menos de un metro de distancia, vestido con ropa deportiva: un polo, short y zapatillas. Era evidente ...
... que acababa de concluir un partido de fútbol, como lo indicaban el sudor seco en su rostro y lo sucio de su atuendo. Antonio posó la vista durante demasiado tiempo en aquel trasero, lo que hizo que el dueño de tan magnífico atributo se percatara. Miró fijamente a Antonio, quien, al verse sorprendido, volteó el rostro avergonzado. El transporte hizo una parada en el antepenúltimo paradero, y un grupo adicional de pasajeros desembarcó, liberando varios asientos. Antonio se acomodó velozmente en uno junto a la ventana, suplicando en silencio para que el dueño de aquellas cautivadoras nalgas también hubiera descendido. La vergüenza que sentía era tan abrumadora que optó por fingir que dormía, con la esperanza de evitar cualquier contacto visual con aquel individuo, por si acaso seguía a bordo del bus. Después de un rato, Antonio percibió que alguien ocupaba el asiento adyacente al suyo, y de inmediato sintió el roce de esa persona en su pierna. Mientras observaba de reojo con asombro se dio cuenta que se trataba del mismo muchacho de las asombrosas nalgas. Entre todos los asientos que estaban desocupados, él había optado por sentarse justo a su lado y le estaba rozando la pierna. Antonio pensó que era demasiado bueno para ser real. Era claro que ese joven estaba interesado en él. Antonio respondió al roce con otro roce, y al instante, intercambiaron miradas cómplices. El bus se detuvo en el penúltimo paradero, y esta vez, a diferencia de la parada anterior, Antonio ...